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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Aguantad, que ya llegamos

De 1936 a 1938, mientras las “democracias occidentales” miraban a otro lado y dejaban abandonada a su suerte a la República de España, unos 35.000 voluntarios de 53 nacionalidades distintas viajaron a nuestro país para combatir en defensa del Gobierno republicano. Recibieron el nombre colectivo de Brigadas Internacionales. Miles de ellos dieron la vida por sus ideales, y cayeron en tierra española. Buena parte de los supervivientes se encontró a la vuelta con que sus países estaban a punto de involucrarse en la Segunda Guerra Mundial: muchos brigadistas siguieron luchando contra el fascismo, integrándose en la Resistencia o en las filas del ejército Aliado, convirtiéndose algunos de ellos en héroes de guerra. Con el paso del tiempo, el reconocimiento a las Brigadas Internacionales ha sido generalizado, y se considera uno de los mayores ejemplos históricos de solidaridad entre los pueblos. En los años noventa, el Reino de España otorgó a los brigadistas la nacionalidad española, a título honorífico.

Tal vez el episodio bélico más destacado fue su intervención en la Defensa de Madrid, durante el invierno de 1936. La capital de la República estaba sitiada, a punto de caer a manos de las tropas golpistas del General Franco. A su llegada a Madrid, los primeros contingentes de las Brigadas Internacionales atravesaron el centro de camino al frente, a la Ciudad Universitaria, entre los vítores de una desmoralizada población madrileña que recuperaba la esperanza al ver pasar a los internacionales. Según las crónicas, los brigadistas cantaban Hold Madrid, for we are coming!, es decir, ¡Aguantad Madrid, que ya llegamos! Su participación fue decisiva, y permitió a las tropas gubernamentales soñar con una victoria que, ante el aislamiento de la República, nunca llegaría.

Hoy, en el verano de 2015, la Ciudad Universitaria es un pacífico campus en el que cuesta encontrar vestigios de la contienda, salvo el monumento que hay frente a la estación de metro, levantado precisamente en honor a los brigadistas. Sin embargo, en el interior de una de sus facultades se habla de guerra durante estos días de finales de julio, de una guerra actual. Invitado por la Universidad de Verano de Podemos, el secretario de relaciones internacionales de Syriza, Yiannis Bournous, habla de guerra de clases. Ni siquiera menciona esa expresión, pero en su relato señala cómo Grecia se ha visto abandonada por las mismas “democracias occidentales” que decíamos al principio, cómo el Gobierno de Tsipras es consciente de la derrota en las negociaciones con Bruselas y de la necesidad de reagruparse y mantenerse firme en sus políticas contra la austeridad, cual ejército que ha perdido una importante batalla pero aún no la guerra. En un determinado momento, Yiannis Bournous confiesa que están a merced del enemigo, que les será muy difícil resistir si no reciben apoyos de otros países europeos, y que si la socialdemocracia sigue mirando para otro lado sólo una victoria de Podemos en España podría evitar el desastre final. Concluye diciendo unas palabras muy emotivas: “No tenemos intención de abandonar a nuestro pueblo en manos de los criminales financieros internos y externos. La única lucha que se pierde es aquella que no se disputa”.

Al escuchar aquello, corrí a mi cuaderno para anotar una frase: Hold Athens, for we are coming! En esta lucha de clases no declarada, ese debería ser nuestro grito de guerra. ¡Aguantad Atenas, que ya llegamos!

Texto: Agustín L de la Cruz

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