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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Bochechas*

Por Juan Antonio Doncel

Toda comunicación humana, estimo, tiene un tema como mero pretexto, pero en el fondo expresa más de su autor que del citado tema. Al escribir una necrológica con ocasión de la muerte de Mário Soares temo ser impúdico en exceso. Entonces llega Enric Juliana y me quita de la boca en www.lavanguardia.com, con superior habilidad, lo que tenía pensado decir para ocultar buena parte de lo que pienso. Así que he sido desvelado y tendré que saltarme la parte emotiva. Porque quiero, entonces, ser contundente: la gran contribución de Soares a las historias políticas portuguesa y europea es la derrota (no sólo electoral, pero también) del partido comunista. No sé si, como he leído, tal era un encargo externo expreso o implícito, pero sí creo que la lucha por el poder en que consiste la actividad política (en alcanzarlo, en ejercerlo, en mantenerlo) implica saber identificar cuál es el principal rival de cara al objetivo principal, que era que Portugal, manteniendo su identidad, dejara de ser un mero residuo y se convirtiera en territorio europeo. Y ahí Soares estuvo fino. Es cierto que también estuvo hábil en la gestión de la victoria conseguida, aunque no tanto como Felipe González en España, pero eso está claramente influido por las diferencias entre la transición portuguesa y la española que son fruto de las diferencias entre las dictaduras portuguesa (civil y fruto de complejos elementos sociopolíticos en que se entremezclan lo histórico, lo diplomático, lo colonial…) y española (militar y fruto de una guerra civil y la represión inmediatamente posterior). En lo que se parecen ambas (las Dictaduras y las subsiguientes transiciones) es en el papel destacadísimo de importantes actores internacionales del momento, y singularmente Francia, Estados Unidos y la socialdemocracia continental europea (Mitterrand, Palme, Brandt). En lo que se diferencian es en el patrón de las mismas, un socialdemócrata extremadamente dotado para la acción política en esos momentos en el caso portugués y un miembro del aparato franquista reconvertido en el caso español. Así que para mí el gran momento de Soares, si tengo que escoger uno, es el debate televisivo que le enfrentó a Álvaro Cunhal y que puede verse fácilmente en youtube.com (en aquel tiempo los debates eran intercambios argumentales, por lo que dura tres horas). Lo demás vino por añadidura: Primer Ministro tras la aprobación de la Constitución de 1974, luego dos mandatos consecutivos Presidente de la República en franco enfrentamiento con Cavaco Silva como Primer Ministro, y luego sin detener su acción política tanto como eurodiputado como incluso volviendo a ser candidato presidencial contra Cavaco. Referente en el imaginario político portugués e incluso europeo como el político democrático por excelencia, la duración de su presencia en el panorama político, sólo finalizada por razones biológicas, nos vuelve a recordar que lo que se llama la nueva política lo es también porque es obra de actores muchísimo menos potentes, fruto tal vez de que, las circunstancias mandan, es mucho menos potente la actividad política actual. Porque nos faltan protagonistas sobre los que mitificar nuestras aspiraciones colectivas. Porque hoy el mundo, me afano en agarrarme a la actualidad necrológica, se ha vuelto líquido debido al derrumbe de lo que era sólido.
*La traducción más simpática de bochechas del portugués al castellano es MOFLETES. Tal es el apodo con el que se han referido frecuentemente a Soares en Portugal.

1 Comment
  • Juan Luis Corcobado Cartes

    13 enero, 2017 at 9:28 pm Responder

    Suscribo en buena parte lo que dices, especialmente en las últimas líneas. Me alegra comprobar que asumir, al menos en este caso, el “todo tiempo pasado…” no es atribuible a razones exclusivamente biológicas.

    De mis numerosos viajes a Lisboa en el verano y otoño de aquel inolvidable 1974, hay algo que recuerdo especialmente: las manifestaciones que convocadas por el PCP y el PS –otra cosa eran las promovidas por MRPP– discurrían simultáneamente por calles paralelas de la Baixa y cuyos principales lemas se dirigían contra Mário Soares y Álvaro Cunhal, respectivamente. Mientras, según decían, en la planta más alta del Sheraton la CIA trabajaba sin descanso.

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