fondo jon nieve

Cansados de estar muertos

Por Agustín L de la Cruz.

Hemos oído ya muchas veces que nos encontramos en un nuevo tiempo político, o para ser más precisos, en la encrucijada entre un tiempo viejo que no acaba de morir y un tiempo nuevo que no acaba de nacer. El problema es que no esperábamos que ese tiempo transicional entre lo viejo y lo nuevo fuera a hacerse indefinido, tan tedioso y decepcionante que parece capaz de acabar con toda la esperanza depositada en las buenas nuevas que estaban a punto de llegar.

En Cansados de estar muertos, novela de Juan Bonilla ya enterrada en el olvido, un grupo de angustiados personajes se reúnen en la cantina de un tanatorio para “velar el cadáver de la ciudad muerta”. Durante este verano de negociaciones previsibles y esta semana de investidura inútil, el ambiente entre los españoles es de cansancio generalizado hacia la política, por no decir hastío. Se ha dejado de hablar del tema o se trata con enorme desgana, cuando hasta hace unos meses la situación política era asunto recurrente en nuestras conversaciones, e incluso ilusionante, y esa repolitización de los ciudadanos se vivía como síntoma del cambio.
Sin embargo, apenas ha pasado un año y rápidamente hemos vuelto a la situación anterior: la política ya no interesa, los políticos se han demostrado terriblemente incapaces de manejar una coyuntura inédita en nuestra historia, el paro y la corrupción siguen campando a sus anchas, no tenemos gobierno y si lo tenemos será más de lo mismo. En resumen, todo ha cambiado para que todo siga igual. Se diría que somos una sociedad hastiada que vela el cadáver de la democracia muerta.

Pero una vez realizado el diagnóstico, preguntémonos a quién beneficia. ¿Quién saca el máximo partido de esta situación, de la probable repetición de la repetición de las elecciones, de la parálisis institucional, del hartazgo hacia la política, de la sensación de que todo sigue igual? Los beneficiarios serán, sin duda, los mismos que ya salieron fortalecidos en las elecciones de diciembre. Los demás partidos, que son mayoría, harán bien en dejar de mirar embobados el cadáver y ponerse a trabajar para resucitarlo. Teniendo en cuenta que para tan ardua labor se necesita la complicidad del muerto, porque como bien afirma un amigo no basta votar para ser demócrata: tantos años de democracia zombi nos han malacostumbrado y la decepción cunde a la primera. Si creíamos que el tiempo nuevo iba a llegar tan pronto y tan fácil como anunciaban sus heraldos, y que para traerlo era suficiente con votar (o incluso con no votar, porque hay gente para todo) y luego desentenderse del asunto, ya sabemos que nos hemos equivocado. Lo bueno se hace esperar, y no basta esperar para alcanzarlo.

1 Comment
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    3 septiembre, 2016 at 8:12 am Responder

    Bonita la metáfora. Una vez leí que un rasgo de inteligencia es la capacidad de aplazar lo inmediato a cambio de obtener un resultado final, más adelante, mejor que el inminente.

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