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Casandra y el caballo de Troya

Por Agustín L de la Cruz.

No lo he visto en ningún medio, pero seguro que no soy el primero en darse cuenta: la joven tuitera Cassandra, condenada a 1 año de prisión y 7 de inhabilitación absoluta por el delito de enaltecimiento del terrorismo, lleva el nombre de la sacerdotisa que, según la mitología griega, obtuvo del dios Apolo el don de la profecía pero también la maldición de que nadie creería sus pronósticos. Imaginemos que la Casandra española hubiese vaticinado hace unos pocos años que iba a ser condenada por divulgar en twitter unos cuantos chistes sobre Carrero Blanco: nadie la hubiese creído.

Bromas sobre la muerte a manos de ETA del ministro de la dictadura Carrero Blanco las ha habido siempre, y no precisamente a escondidas, sino en fecha tan lejana como 1984 y en la voz de personajes públicos como Tip & Coll. ¿Qué ha cambiado y qué no ha cambiado de los años ochenta a esta parte, para que por una suerte de “síndrome Cuéntame” las libertades hayan retrocedido a tiempos propios de la dictadura? Lo que ha cambiado, fundamentalmente, es la llamada Ley Mordaza. Lo que no ha cambiado son los políticos que aprobaron dicha ley y los jueces que la aplican, que vienen a ser los mismos de entonces. La diferencia, pues, es que ahora gozan de un instrumento para castigar conductas que deberían estar amparadas por la libertad de expresión, un instrumento represivo del que no disponían antes. ¿Y por qué lo hacen justamente ahora, a estas alturas de la democracia? Para meter miedo, para sostenerse en el poder a cualquier precio, para amedrentar a esa parte de la sociedad española que quiere librarse de una vez por todas del yugo de la dictadura aunque algunos, como en el caso de la joven Cassandra, ni siquiera la vivieron.

Una de las ignoradas profecías de la Casandra mitológica fue predecir la ruina de Troya, a lomos del famoso caballo del astuto Ulises. En la democracia española, tan joven e imperfecta, hay instalado un Caballo de Troya, un virus maligno que impide el desarrollo y la madurez de nuestra democracia: es un enorme caballo de madera donde se esconden los hijos políticos de la dictadura y los millones de votos que los sustentan, las hijas de los prebostes de la dictadura que se presentan a las elecciones por un partido fundado por un ministro de Franco y aprueban leyes retrógradas por las que se condena a gentes tan peligrosas como tuiteros, raperos y titiriteros. No quisiera yo vaticinar la ruina de España para que no me hagan ningún caso; pero me atrevo a decir que, sin la ruina de quienes viven en democracia pero funcionan con el sistema operativo de la dictadura, no habrá futuro.

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