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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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fondo palestina

Contra la arrogancia

Por Fidel Martínez

Amos Oz es uno de los narradores más reputados de la literatura israelí de los últimos tiempos, y un intelectual comprometido con el proceso de Paz en Oriente Próximo, como atestigua su breve pero esclarecedor y contundente texto “Entre Derecho y Derecho”, recogido en su libro Contra el fanatismo, contenedor de algunos ensayos pronunciados en diferentes conferencias y actos públicos entre los años 2002 y 2015.

Como judío nacido en Israel es especialmente sensible a la problemática que desde hace ya más de sesenta años enfrenta a palestinos e israelíes. Testigo de primera mano, su larga experiencia y convivencia personal con el conflicto lo han conducido desde un fanatismo temprano hasta la tolerante y pragmática lucidez con la que se revela hoy en día.

Sin entrar en detalles sobre los contenidos concretos expuestos en su texto, cuya lectura recomiendo, me gustaría destacar un aspecto del mismo que me ha parecido especialmente interesante y que nos concierne en cuanto europeos. Y no es otro que el de criticar, certeramente a mi entender, esa tendencia característica de la vieja Europa a creerse poseedora de una razón indiscutible. A ese respecto Amos tiene algunas cosas interesantes que decir.

Por un lado, arremete contra ese simplismo que impregna muchas de nuestras opiniones públicas y mediáticas en lo que concierne a Israel, el Islam o el mundo árabe, y que reducen situaciones complejas como el conflicto palestino-israelí a un malentendido cuya resolución reside en el amor, algo que él considera prácticamente imposible de conseguir después de tanto derramamiento de sangre.

Como respuesta el escritor israelí asevera, anteponiendo la realidad de la naturaleza humana, que este enfrentamiento sólo podrá solventarse a través del sentido común y del sentido de la justicia aplicados a lo que es en esencia la disputa entre las dos víctimas de un mismo opresor. Y atención, porque aquí viene lo más impactante, ese opresor no es otro que nuestra entrometida y arrogante Europa, cuyo reflejo se ha apoderado de la imagen de cada adversario: para los palestinos, los judíos de Israel no han sido más que una avanzadilla en tierra árabe de los históricamente sofisticados y crueles europeos y para los israelíes, los palestinos han sido vistos como hacedores de progromos y nazis envueltos en kufiyas.

Dejando a un lado la profunda ignorancia que el escritor atribuye a ambas percepciones, la cuestión es que esto debería hacernos reflexionar, tomando como punto de partida la humildad, sobre cuál debería ser nuestro papel en el mundo. Un mundo que no reclama de nosotros adoctrinamiento o posicionamiento alguno, sino más bien todo lo contrario, la adopción de un compromiso de ayuda que apueste por la paz como único y último vencedor de toda guerra.

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