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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Corre, Monago, corre

Ir al cine comercial en Badajoz es un atrevimiento. Jueves noche, peli de ciencia-ficción, solamente dos tías (¿dos tías?) en la sala aparte de mis colegas y yo. Se oscurece la platea y sale Monago corriendo como Forrest Gump. Toma anuncio casposo y electoralista. Hacemos Extremadura. O no. Monago se lleva abucheos y pitos y chuflas por parte del respetable, o sea, por parte de mis colegas y yo. Hago un esfuerzo zen de vacío mental para olvidarme de Monago bamboleándose en bambas y me concentro en la peli (Exmachina, equivalente a un episodio largo de Black Mirror). Salimos del cine raudos a empaparnos en cervezas, pero la imagen de Monago Gump me persigue con terca insistencia. Asociación de ideas: Haruki Monagakami, toda la película corriendo como El último mohicano, tonto es el que hace tonterías como prostituir el Teatro Romano de Mérida para un torneo de pádel. Esa es la última tontuna, antes vinieron el clarinete de Woody Allen y los viajes en cueros a Canarias, por poner sólo un par de ejemplos.

Más asociaciones de ideas: cortar las pelotas. Slavoj Zizek, estrella del rock de la filosofía para pervertidos, cuenta la siguiente parábola: Rusia, siglo XV, una pareja de campesinos camina por un sendero polvoriento. Se cruza con ellos un jinete mongol que, espada en mano, ordena al campesino que le sujete las pelotas mientras viola a su mujer, para que no se le llenen de polvo. El mongol cumple su amenaza y se aleja a caballo, mientras el campesino se echa a reír. Ante la pregunta de su atónita mujer, el campesino dice que se ríe porque no le ha sujetado las pelotas al mongol, y por lo tanto se las lleva llenas de polvo. Este es el gran problema de la socialdemocracia, dice Zizek, que se conforma con ensuciar los testículos de los poderosos mientras violan al pueblo. Y lo que realmente se merecen los poderosos, claro está, es que les cortemos las pelotas.

Y hasta aquí las asociaciones de ideas por hoy. No me pidan que haga todo el trabajo: dejo en sus empolvadas manos, amables lectores, la tarea de enlazar el primer párrafo con el segundo y poner la conclusión en práctica si así lo desean (de manera simbólica, sugiero). Pero dense prisa, que acaban de pasar las fanfarrias electorales y el expresidente pone ya pies en polvorosa, jaleado por sus partidarios, al grito de corre, Monago, corre.

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Texto: Agustín L. de la Cruz

Ilustración: Fidel Martínez

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