Thelma y Louise - Politocracia
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Thelma y Louise

Hay películas que resultan muy útiles como observatorios de la realidad social, especialmente las que a partir de cierto momento pasan a ser consideradas como clásicos del cine. Estrenada en 1991, Thelma & Louise es un alegato feminista bastante evidente, en una época en la cual el feminismo no ocupaba la primera línea del debate público, y las películas que lo abordaban brillaban por su ausencia. Por eso es un interesante ejercicio revisitar Thelma & Louise ahora, en 2018, unos meses después del impresionante éxito de la huelga feminista del 8M, cuando todavía queda tanto por hacer en relación a la igualdad de género, cuando Hollywood se tambalea por los múltiples casos de abuso sexista que al fin se han denunciado.

Aunque podría centrarme en el análisis del carácter y el comportamiento de las dos memorables protagonistas, me parece más esclarecedor para mí, como hombre que soy, analizar los diferentes papeles masculinos del largometraje. Dejando a un lado a los grandes villanos, es decir, al violador y a ese alivio cómico pero tremendamente real que es el camionero acosador, pensemos en el resto de hombres de la película en orden, por así decirlo, de menor a mayor complicidad con las protagonistas.

Darryl (Christopher McDonald)

El marido de Thelma (Geena Davis), es el prototipo de machito torpe y ridículo, incapaz de respetar la independencia y comprender los deseos de su mujer, a la cual mantiene anulada en el hogar; es algo así como el representante de la gran mayoría de los hombres del mundo, por desgracia. La película se burla de este personaje constantemente, y al mismo tiempo lo presenta como un triunfador a nivel económico, insinuando quizá que la acumulación de capital está bastante reñida con la igualdad de género.

Darryl, Thelma y Louise

Christopher McDonald (fotograma de Thelma y Louise)

J.D. (Brad Pitt)

Joven y atractivo, sería el siguiente paso en la lentísima evolución del hombre respecto de la mujer: capaz de seducir a Thelma a través del respeto y de los buenos modales, para después aprovecharse de ella y dejarla sin un duro. J.D. es en realidad quien, sin apenas ser consciente de ello, más daño hace a las protagonistas, como muy bien le señalará el personaje del que nos ocuparemos en último lugar.

Jimmy (Michael Madsen)

Es el novio de Louise (Susan Sarandon), y representa un arquetipo de hombre muy corriente en la actualidad: aquel que es consciente de la necesidad emancipatoria de la mujer pero se resiste a abandonar su estatus de superioridad. Jimmy ayuda de buena fe a las protagonistas, lo hace por amor y sufre al ver que su pareja necesita ser libre, ya que eso incluye librarse de él.

Hal (Harvey Keitel)

Por último tenemos al agente de policía Hal, de una gran ambivalencia. Por un lado, es quien mejor comprende las motivaciones de Thelma y de Louise, con una capacidad para la empatía que ya nos gustaría tener a muchos, y es también quien trata por todos los medios de evitar que la fuga acabe en tragedia. Por otro, como representante de la justicia que ahora llamaríamos patriarcal, es quien en último término da caza a las protagonistas. La escena que mejor define a Hal es la del desenlace de la película: cuando por fin comprende que todo está perdido, que la persecución ha llegado demasiado lejos, ya es tarde. Hal es en buena medida el hombre cómplice que va llegando poco a poco a comprender su importancia como aliado en la lucha feminista, pero que, en este caso, se debe antes al cumplimiento de la ley que a su necesaria transgresión en pos de la igualdad.

Thelma y Louise es sobre todo el viaje de dos heroicas mujeres hacia su empoderamiento. Como buena road movie, es también un homenaje a los Estados Unidos de América, como tierra que promete libertad pero de la que demasiadas veces se hace forzoso huir. Algo que probablemente estén pensando tantas mujeres ahora, bajo el mandato de ese machista imbécil llamado Donald Trump. Sin embargo, han sido justo las mujeres las primeras en organizarse contra él, y ése es un signo de esperanza que anuncia la posibilidad de que las Thelma y Louise del futuro ya no se vean obligadas a salir corriendo, sino a darse la vuelta y presentar batalla. Necesitarán a muchos hombres de su lado.

Por Agustín L de la Cruz

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