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El extraordinario caso de la concejala homófoba que sí gustaba de maricas normalizados

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El extraordinario caso de la concejala homófoba que sí gustaba de maricas normalizados

Por Alejandro L de Miguel.

Perfumados, engalanados con vestimentas sobrias, discretos -nada de excentricidades, giros de muñeca ni colores chillones-; asexuados, y por tanto convenientemente adaptados, normalizados. Así es como deben​ de​ gustarle los gays a la concejala del PP de Badajoz María del Rosario Gómez de la Peña Rodríguez: bien adaptados a la normalidad, esa normalidad de la que en su partido son ejemplo, causas judiciales aparte.

En un torpe intento por camuflar su intolerancia, la edil de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Badajoz afirma que cuando este domingo describió con cuatro exquisitas palabras una fotografía de dos gays no aludía a sus hábitos en la alcoba, sino que simplemente comentaba “esa imagen”. De modo que la ​concejala ​ve “repugnantes, desagradables, repulsivos y asquerosos” a los dos señores de la foto, pero cree que eso no es homofobia.

En su ayuda corre raudo el alcalde, Francisco Fragoso, que logra mantener el mismo y penoso nivel en su respuesta: es la foto la que “en poco colabora”, “en nada ayuda a la normalización e integración del colectivo”​. E​n cristiano viene a decir que el derecho a ser respetados de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales está directamente condicionado por su apariencia, por su cercanía a​l concepto​ de normalidad​ que al parecer comparten Fragoso y Gómez​ de la Peña.

Y esta idea, por supuesto, no es intolerable, no es simple y llanamente una manifestación de odio. Como no van camuflados y “normalizados”, como no se muestran asexuados y acotados, diluidos​;​ como lucen cuero, piel y pelo, y lo hacen con orgullo, pueden ser víctimas de sus agresiones verbales. Son lícitas, están justificadas porque sus víctimas no persiguen en pleno día del Orgullo Gay la “normalización e integración del colectivo”.​ Por supuesto.​

Quizás deberían plantearse que los “asquerosos” señores de la foto tienen derecho a visibilizarse, a alzar la voz por aquellos que no pueden decir alto y claro a quién aman, qué les gusta hacer en la cama o si se encuentran atrapados en cuerpo​s​ que no sienten como ​propios​​. Deberían aprender que no tienen ningún derecho a insultarlos, despreciarlos y arrojarlos a las fauces de sus coléricas huestes, que se han despachado a gusto en las redes hasta que la concejala ha tenido a bien retirar la foto y mascullar sus ​inconsistentes ​​excusas. Qué fácil es insultar en diferido para los cobardes.

La situación es mucho más seria de lo que parece, y todo el que propague la homofobia es corresponsable de esta realidad. Las agresiones al colectivo LGTBI en la Comunidad de Madrid no bajan de los niveles registrados en 2015, sin olvidar que la inmensa mayoría de las mismas no se denuncian. Imagine, señora edil del PP, cómo es esta realidad en una comunidad más pequeña y rural como Extremadura, en la que sobre todo los más jóvenes tienen dificultades para aceptarse como son por culpa de prejuicios como los que ustedes están difundiendo desde sus cargos públicos.

Usted, señora Gómez de la Peña, debería recordar que representa a todos y cada uno de los ciudadanos de Badajoz, por lo que si se siente tentada de propagar el odio debería volver a meterse en su máquina del tiempo rumbo al siglo​ del que provenga,​ del que quizás no tendría​ que​ haber salido. De camino, y si tuviera algo de dignidad, debería disculparse sin matices por lo que ha dicho. O eso o dimitir, si le queda un ápice de decencia, y si las asociaciones LGTBI no actúan antes por su cuenta para lograr que sea apartada de su cargo.

Aseguraba uste​d​​​​​​​ en una vieja entrevista ( Entrevista a María del Rosario Gómez) que llegó a la política de la mano del exalcalde Miguel Celdrán, por lo que tal vez debería hacer un ejercicio de memoria. Los que desde su partido se congratulan hoy por la riqueza que genera la celebración de Los Palomos, los que sacan pecho por las cifras de ocupación hotelera no acostumbran a recordar que esta reivindicación es fruto de la rebeldía de unos frente a la homofobia de otros; la dignidad de una ciudad abierta y tolerante frente a la intolerancia de Celdrán y los suyos, los mismos que hoy ​quieren figurar en ​la foto. No, concejala, no se aceptan distinciones entre maricones, no tiene derecho a insultarlos. No hay velo, niebla ni matiz que camufle lo suyo, el diagnóstico es claro: homofobia.

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