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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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El interregno de los fulanos

Por Fernando Medina.

Decía Unamuno, que de España sabia un rato, que el mal de la Política patria es el “fulanismo”, entendiendo por tal que  sus señorías se pasen por el forro de sus virtudes eso del interés general, no digamos lo de las ideologías, en beneficio de sus intereses, de sus relaciones y de sus caprichos personales. No andaba desencaminado  nuestro insigne pensador, ya que cien años después estamos en las mismas. Salvo el día del abrazo, y para eso solo por parte de Albert Rivera, en este interregno de cuatro meses los fulanos no nos han dejado atisbar la política.

Para rematarle, en  pleno fulanismo, el Ciudadanita apela a la solución Monti como fórmula viable para nuestro país. No me esperaba yo que el único líder que había demostrado cierta coherencia y entereza en el interregno con su discurso flexible  y coherente con los principios de su formación se desmarcara con el momio del candidato independiente como solución de consenso. España no es un país de independientes, porque como buenos quijotes funcionamos a golpe de corazón. Y los corazones no son racionales. Nos gusta el fulano, la provocación, la arenga. Una sociedad emocional no se rige por la razón sino por el corazón. Y además lo de Monti no funcionó. Todos lo hemos visto.

También es muy curioso el nuevo buen rollo de transparencia periodística que se monta la formación morada. Miedo me da que quien no esconde su ansia de poder enfilando los medios de comunicación como prioridad absoluta para su aparato  se soflame con semejantes arengas al buen hacer y la ética periodística. No debemos pasar por alto que por lo general las formaciones populistas tejen su discurso en formar una igualdad a base de culto al líder  y unidad frente a su discurso. La Paz social pasa por la verdad única, sólo predicada por unos medios controlados por el aparato del líder unificador. Esto no me lo invento yo. Ya lo ha demostrado la historia a izquierda y a derecha.

Las guerras sucesorias  del PP no hacen sino destrozar más cualquier atisbo de esperanza. Perpetuar regímenes nunca ha sido bueno. Y los cuchillos vuelan pero en una única dirección, la del crítico, segando el aparato cabezas al son de revelaciones “casuales” sobre  actividades ilícitas o no éticas. No digo que estas revelaciones no sean ciertas, pero sí que son utilitaristas,  porque ya se sabían pero no se utilizaron a su debido tiempo. Y esto muestra tres grandes preocupaciones: No se permite  el debate interno; corrupción e ilegalidad siguen revelándose interminables; y el control de los asuntos reservados parece solo reservado a desclasificarse en función de la oportunidad gubernamental de turno, lo cual es incluso peor que la corrupción.

Así las cosas, el fulanismo español se revela más peligroso que nunca. La caída del bipartidismo ha convertido en  presa del pánico a los hasta ahora alternantes en el poder, y la fuerte  irrupción de los nuevos partidos no ha dado tiempo a sus líderes a asimilar su rol y prepararse para la gran labor de gobernar o facilitar el menos malo gobierno para todos. En consecuencia, los cuatro fulanos se han pasado cuatro meses a discutir sobre quién la tiene más gorda, a  decapitar  críticos internos, y a destapar  corruptelas a conveniencia. El fulanismo ha impedido la  gran coalición. Y es una pena que la ingobernabilidad se prolongue tras unas nuevas elecciones como auguran las encuestas. Pero lo que es una desgracia es que el fulanismo está destruyendo la esencia del pueblo español: su corazón. Y lo peor es que el menos fulano de los cuatro acepta la muerte de nuestra sufrida democracia, propugnando como viable la unión en torno a un fulano desfulanizado. ¿Se imaginan el trabalenguas?

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