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El problema es la democracia (representativa)

Alexis Tsipras convoca elecciones en Grecia y argumenta, como principal pretexto, que serán así los ciudadanos “con su voto quienes decidan si negociamos bien o no”. Falso. Los griegos decidirán quiénes serán sus nuevos (o viejos) representantes, pero nada más. Puesto que las alternativas a Syriza son notablemente peores (Nueva Democracia y PASOK, que han llevado al país a la ruina) y su escisión (que según parece se va a llamar Unidad Popular) no tendrá suficiente fuerza electoral en tan poco tiempo, es muy probable que Tsipras gane los comicios previstos para septiembre. Pero eso no significará que los griegos refrenden la última negociación con la Troika, que el propio Tsipras calificó de decepcionante, sino que se resignarán al mal menor de seguir confiando en unos representantes que, teóricamente, estaban ahí para defender sus intereses y no los de la oligarquía.

Sin embargo, los griegos ya habían expresado su opinión en las urnas mediante el referéndum celebrado en julio. Entonces dijeron OXI (NO) a unas condiciones mejores que las pactadas finalmente en el último rescate. ¿De qué sirvió ese referéndum entonces? Para poco más que humillar la voluntad del pueblo soberano, para que se impusiera el afán colonizador de unos estados sobre otro más débil, para que el PPSOE europeo mandara un claro mensaje de desaliento a la nueva mayoría social transformadora que se está creando en España.

Como consecuencia de la negociación que ahora Tsipras pretende sustentar en unas elecciones anticipadas, Grecia ha aceptado la privatización de sus principales aeropuertos turísticos, que pasan a manos de una empresa alemana; los puertos de El Pireo y de Salónica serán de una empresa belga; se negocia con una empresa danesa la venta de la red eléctrica nacional; los rusos de Gazprom van a comprar la petrolera griega ELPE. Un verdadero expolio, un botín de guerra similar al que se podría haber obtenido tras una invasión militar, pero no muy diferente al expolio de lo público que ha sufrido España gracias a Felipe González primero y a Aznar, Zapatero y Rajoy después. Si Alexis Tsipras preguntara mediante un nuevo referéndum si los griegos respaldan tal acuerdo, se encontraría con un OXI aún más rotundo que el de julio, como es lógico. Por eso, lamentablemente, tiene que recurrir a la democracia representativa, para disimular su impotencia y tratar de obtener un apoyo que le permita continuar gestionando la derrota. En su favor debe admitirse que podría haberse aferrado a los 3 años que le quedaban de mandato (como hicieron sus ruinosos antecesores) y ha preferido recurrir a las urnas. En su contra, y en la de todos aquellos que todavía creemos en la soberanía popular, que nos ha demostrado que la democracia representativa es insuficiente y está secuestrada por poderes fácticos que no se presentan a las elecciones o que, si acaso, se presentan a las elecciones en países distintos a los que sojuzgan.

Me pregunto, no sé si con temor o esperanza, qué sucederá cuando, poco a poco, los distintos pueblos de Europa seamos conscientes de que la democracia representativa no es más que una farsa.

INFOGRAFÍA

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(clicar para ampliar)

Editorial: Agustín L de la Cruz

Gráfico: Francisco Blanco

 

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