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Europa, civilización o barbarie

No deja de sorprenderme hasta qué punto los que nos gobiernan en la Unión Europea han olvidado los principios bajo los que fue fundada esta organización política.

Nuestros padres fundadores imaginaron la Unión como la lógica manera de fomentar la libertad, la igualdad, la democracia, el humanismo, los derechos humanos y el bienestar económico. Concretamente, con relación a este último punto, no sólo imaginaron una Europa económica motivada por el crecimiento económico, que también, sino cómo un lugar para el desarrollo del potencial de consumo de los europeos. Los europeos consumiríamos coches alemanes, carbón británico, frutas y verduras españolas, aceites italianos,  … Lo mejor de cada país ofrecido al consumo para el resto, una manera inteligente de incrementar la calidad de vida de las personas a través del fomento del consumo.

Los motivos que les movían eran muchos, diversos, y profundos: habían visto a Europa hundirse en la guerra, el caos, la pobreza, la devastación y el odio, de una manera tan drástica y cruel, debido la magnitud de la tragedia, que ningún gran líder pensaba entonces que otro camino era posible: era el destino de Europa. Además, el ejemplo cercano de lo que los americanos habían logrado en cuanto a paz, prosperidad y desarrollo en su propio continente con su propia integración de Estados era tan evidente en sí mismo que la idea tomó vida propia, y se transformó de suma de voluntades en proyecto político común.

Pero, ¿qué queda hoy de aquello? Queda unos burócratas en trajes elegantes que parecen haberse apropiado de ese proyecto europeo, tergiversándolo y retorciéndolo a su libre conveniencia. Ya no les importa contar con la voluntad de los propios gobernados. Aparentemente, consultar a los ciudadanos sobre si se debe o no seguir cumpliendo los mandatos de la antigua Troika les resulta a estos caballeros hasta molesto, les parece una provocación insoportable. La consulta democrática es ahora molesta, ineficiente, soberbia, irracional, porque, para enfado de estos señores, a veces lo político no sigue los caminos que señalan las leyes económicas.

Estos señores nos han robado la idea de Europa a los ciudadanos de este continente a través de la práctica rutinaria de la amenaza y la coacción, y si nada lo impide, observaremos atónitos cómo expulsan de nuestro proyecto al país fundador de la civilización occidental, de la civilización europea.

Han decidido que, según sus propios términos de rentabilidad, no les resulta ya rentable mantener en Europa al país que guió a la humanidad fuera de la oscuridad y la miseria moral y filosófica, a quienes transformaron la raza humana de animales a hombres. No es rentable Grecia, porque son incapaces de pagar unos préstamos imposibles de pagar para un país arrasado por la miseria económica. Ocurre aquí cómo con la mafia, o pagas, o mueres.

Pues yo me rebelo, aquí y ahora, y os proclamo que es impropio de europeos, de un pueblo de naciones civilizado cómo es el nuestro, que ha enseñado muchas veces al mundo que el poder de la rectitud moral y de la legalidad es más poderoso que el poder de la violencia,  es impropio digo, de nosotros y de este continente, que estemos  sometiendo a ese tormento a un pueblo amigo, y hermano.

Y anuncio que si esta es la Europa que han decidido construir, que no cuenten conmigo ni con mi voto nunca más. Pero si deciden recapacitar, si se dan cuenta al fin de que las personas deben estar por encima de los números y actúan en consecuencia, tornando los esfuerzos hacia el bienestar de Europa y de los europeos, aquí podrán encontrarme, y podrán contar con este ciudadano para participar en la construcción de un continente mejor.

Texto: Samuel Grueso

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