¿Son realmente problemáticos los micromachismos?
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¿Son realmente problemáticos los micromachismos?

¿Qué es el micromachismo?

En lo más profundo de nuestra sociedad, en los albores de lo irracional y la costumbre, se enraíza una estructura sutil que es símbolo de desigualdad: el micromachismo.

En 1991, el psicólogo Luis Bonino Méndez saca a la luz el término micromachismo para denunciar las prácticas que hasta entonces otros expertos habían denominado “pequeñas tiranías”, “terrorismo íntimo” o “violencia blanda”. Términos que nunca llegaron a calar tanto como “micromachismo”.

Otros términos actuales que pueden funcionar como sinónimo de micromachismo son “microabuso” y “microviolencia”.

escena de micromachismo

 

Como antecedentes al término “micromachismo”, nos encontramos con “violencia simbólica”, que surge en la década de 1970 de manos del sociólogo francés Pierre Bourdieu y que hace referencia a un tipo de violencia indirecta y no física que un grupo social dominante ejerce sobre otro dominado.

Sería elegante continuar con la definición de la RAE, pero es inexistente. Y es que, con tanto cederrón, almóndiga y perla machista y racista, es normal que los académicos no tengan tiempo para estos “palabros” modernos.

En su lugar, tomaremos como referencia la entrada que el Centro Virtual Cervantes hace en su sección “Martes Neológico”, en la que define el micromachismo como: “cualquier comportamiento discriminatorio hacia la mujer sustentado en la supuesta superioridad del hombre. Por su carácter cotidiano, estos comportamientos están tan naturalizados en una determinada cultura que muchas veces pasan desapercibidos tanto para hombres como para mujeres.”

Para realizar este artículo, se ha tomado como referencia principalmente la guía LADA ‘Cómo identificar los micromachismos’ elaborada por Ana Requena y el trabajo de Luís Bonino Méndez, “Micromachismos: La violencia invisible en la pareja”, que, aunque se centra en los micromachismos dentro de las relaciones de pareja heterosexual, cuenta con ideas que pueden extrapolarse a cualquier tipo de relación entre hombres y mujeres.

Bases del micromachimo

Encontramos una serie de reglas no escritas que son las garantes del buen funcionamiento de los micromachismos:

  • Imponer y mantener el dominio y supuesta superioridad del hombre sobre la mujer.
  • Recuperar del dominio en caso de que la mujer sea consciente de su posición y se “rebele”.
  • Resistir el aumento de poder de la mujer o aprovecharse de esos poderes.
  • Aprovecharse de la faceta de “cuidadora” de la mujer.

 

De ellas podemos deducir tres puntos muy clave para entender el micromachismo:

  • El micromachismo pretende poner en cuestión y dañar la identidad de la mujer.
  • El micromachismo solo es posible con la colaboración de la mujer.
  • El micromachismo busca el control del hombre sobre la mujer y la reafirmación de la identidad masculina como “ser superior”.

Estos tres principios se convierten en una pescadilla que se muerde la cola. Entramos en un bucle que, si no se cuestiona, solo puede ir a peor: cuando más se mine la moral de mujer, más vulnerable será ante estas desigualdades y más fácil será que acepte, tanto su colaboración como su posición de “inferioridad”.

El micromachismo en contexto

Para enmarcar el problema del micromachismo dentro de nuestra sociedad, y concretamente dentro de la violencia de género, es interesante echar un vistazo al gráfico de “El iceberg de la violencia de género” de Amnistía Internacional, que muestra los diferentes tipos de violencia en contexto y nos permite entender su peligrosidad de una manera muy visual. Nos encontramos el micromachismo en la punta inferior del iceberg.

violencia de género

 

Efectivamente, los micromachismos se caracterizan, por un lado, por su sutileza, en el sentido de que es algo que ha estado socialmente aceptado y que hasta prácticamente la última década nadie lo ha puesto en cuestión y ni siquiera se ha planteado la posibilidad de que sean símbolo de desigualdad.

Por otro lado, su visibilidad. Es relevante la poca visibildiad que tienen, entendiendo como visibilidad que existan pruebas físicas o psicológicas muy evidentes que denoten que hay un problema, como puede ser un golpe en la cara.

¿Por qué es importante reconocer micromachismos?

Del apartado anterior, entendemos por qué hasta ahora no se ha dado importancia a los micromachismos, que se movían cual Harry Potter con su capa de invisibilidad. Aunque ya empezamos a detectarlos, nos queda mucho camino por delante.

capa invisibilidad harry potter

 

Aprender a detectar micromachismos se convierte en una tarea tan difícil como necesaria. Y es que, aunque aparentemente sea tan sutil y liviano, se convierte en la base de otras modalidades de violencia mucho más explícitas.

Aunque pueden no parecer muy dañinos e incluso a menudo se tilde de irritable a cualquier persona, en la mayoría de los casos mujer, que los denuncie, son gestos, acciones, maniobras, hábitos, etc, que han inclinado la balanza de la sociedad desde hace mucho tiempo hacia el lado de los hombres.

Otra de las razones por las que es necesario aprender a reconocer los micromachismos y luchar contra ellos es por cómo nos hacen sentir.

Según el trabajo de Luís Bonino Méndez, en las relaciones de larga duración, se llega a tener problemas de salud física y psicológica que requieren de intervención médica. También afirma que lleva al alejamiento de la pareja, a generar relaciones de adversariedad, ya que cuando el dominio y el control funcionan, provocan tanto la obediencia como la aparición del resentimiento.

Este tipo de sentimientos se puede asociar de igual manera a otro tipo de relaciones sociales, de trabajo, familiar, etc. donde intervienen hombres y mujeres.

Tipos de micromachismos

En su trabajo, Luís Bonino Méndez, divide los micromachismos en tres categorías: coercitivos, encubiertos y de crisis. El autor invita al lector a que cada uno encuentre nuevas formas de clasificar los micromachismos.

A continuación, se citan textualmente las definiciones que Luís Bonino Méndez da de cada tipo de micromachismo.

1. Coercitivos

“El varón usa la fuerza (moral, psíquica, económica o de la propia personalidad), para intentar doblegar a la mujer, limitar su libertad y expoliar el pensamiento, el tiempo o el espacio, y restringir su capacidad de decisión. La hacen sentir sin la razón de su parte y  ejercen su acción porque provocan un acrecentado sentimiento de derrota cuando comprueba la pérdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones”.

2. Encubiertos

“Los que atentan de modo más eficaz contra la simetría relacional y la autonomía femenina, por su índole insidiosa y sutil que los torna especialmente invisibles en cuanto a su intencionalidad”.

3. De crisis

“Suelen utilizarse en momentos de desequilibrio en el estable disbalance de poder en las relaciones, tales como aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o pérdida del poder del varón por razones de pérdida laboral o de limitación física. Generalmente estos cambios se acompañan de reclamos por parte de la mujer de mayor igualdad en la relación”.

Ejemplos de micromachismo

A continuación, se enumeran solo algunos de los micromachismos más comunes del día a día. Actualmente, algunos de ellos ya resultan fácilmente reconocibles, pero otros siguen estando en la sombra.

Micromachismos en casa

  • Preguntar a una mujer cómo compagina su vida laboral y familiar y no a su pareja o marido.
  • Regalar muñecas a una niña sin preguntarle si es lo que quiere.
  • Dejar salir hasta más tarde a un hijo que a una hija.
  • Decir que un hombre “ayuda” en casa o celebrar su participación en las tareas de casa.
  • Dejar las tareas como llevar al médico o de compras a las madres.
  • Que un padre no sepa hacer una coleta a su hija.
  • Decir a un padre que “se queda de niñera” si se queda solo con sus hijos.

 

Micromachismos en el trabajo

  • Valorar más la opinión de un hombre que de una mujer.
  • Ejemplos como las connotaciones asociadas a modisto y modista, una llena de glamur, la otra relegada a la nimiedad.

 

Micromachismos entre amiguis

  • Callarse ante un comentario machista
  • Cuestionar a un hombre cuando hace actividades consideradas “femeninas” como baile, …

 

Micromachismos en la calle

  • Llamar “guapa” a una mujer sin conocerla.
  • Los chistes sexistas.
  • Dejar la cuenta a un hombre.
  • Asumir que la bebida alcohólica es para él.
  • Que el cambiador de bebés esté exclusivamente en el baño de mujeres.
  • Decir que una mujer es poco femenina.
  • Preguntar para cuando los niños a una mujer, pero no a un hombre.
  • Preguntar a una mujer para cuándo un novio.
  • Decirle a una mujer que si no quiere que la miren, que no se ponga escote.
  • Esconder el tampón o la compresa al ir al baño a cambiarse.

Entonces, ¿qué hacemos con los micromachismos?

Ya entendemos el significado de micromachismo; sabemos el peligro que encierran estas formas sutiles de dominación y conocemos algunos ejemplos típicos. Pero, ahora ¿qué podemos hacer?

En la guía ‘Cómo identificar los micromachismos’ se plantea un recorrido de reconocimiento de los micromachismos que resumimos a continuación:

Hablar de ello:

Es común que a la persona que denuncia micromachismos se la tache de exagerada, de manera que es frecuente que la primera reacción ante los micromachismos sea callarse. Lo único que se consigue con esta actitud es que esta estructura persista y siga invisibilizada. Nombrar un problema permite percibirlo, aceptarlo y, porsteriormente, solucionarlo.

¡Observar nuestro entorno y analizar cada situación!:

Afina el instinto feminista y acostúmbrate a detectar los micromachismos más sutiles y menos comentados.

Vamos un poco más allá:

Una vez que se saben identificar perfectamente los micromachismos se propone crear grupos de observación en colegios, asociaciones y redes sociales donde se puedan compartir experiencias y sacar a la luz los micromachismos del día a día. Comparte los micromachismos que vayas descubriendo en plataformas como la cuenta de Twitter Micromachismos.

Por Madame Bechamel

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