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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Gobierno sin control

Por Samuel Grueso.

Rendir cuentas, políticamente hablando, consiste en explicar por qué se ha tomado una decisión. Por tanto, hacerlo no es sólo un acto de transparencia, es un acto de democracia en su más amplia definición.

El control al que toma las decisiones es tan importante, o más, que la elección de la persona que la toma. De hecho, si por algo se caracterizan los regímenes políticos poco o nada democráticos es precisamente porque el poder se ejerce sin control. Nadie rinde cuentas, porque los que ejercen el poder lo ejercen sin contestación, sin posibilidad de cuestionamiento.

Resulta, también, que para el poder, dar cuentas es fastidioso. Obliga a explicar por qué se toman unas decisiones y no otras, qué motivos políticos son los que llevan a tomar esta o aquella dirección. El poder tiende, por su propia naturaleza, a la concentración, y al autoritarismo. El poder tiende a buscar más poder. Y cualquier límite a este siempre es visto con recelo.

Esta es la razón última de que el poder, en los sistemas democráticos, se divida. Para limitarlo, para que unos poderes choquen con otros, para que ninguno pueda dominarlos a todos, y por tanto, actuar sin límites, sin dar cuentas de sus actuaciones. Un sistema democrático sano debe, por tanto, fomentar la división de los podres y el control de unos a otros para evitar posiciones de autoritarismo.

En España, una democracia, pero aún muy inmadura, la rendición de cuentas, el control y la transparencia son valores poco arraigados en el sistema político. Pienso al escribir en la negativa del Gobierno a rendir cuentas de sus actos ante el Parlamento, excusándose en estar en funciones.

Si seguimos esa misma lógica, como teóricamente un gobierno en funciones podría estar, indefinidamente en el poder (porque no lo olvidemos, en funciones no significa no estar en el poder, sino simplemente tener  menos poder), pues, según esta lógica, podría un gobierno en funciones indefinidamente no someterse a control alguno. Años sin control.

No es difícil llegar a la conclusión de que un gobierno que no responde ante nadie tiene difícil encaje en lo que universalmente se entiende por un sistema democrático. Luego el debate no es baladí. Se trata de democracia o autoritarismo.

Cuando personas de reconocido prestigio, juristas de todo tipo, defienden en los medios que el gobierno no tiene obligación de rendir cuentas ante el parlamento, estos señores defienden a la vez que nuestro sistema pierda su fina capa de barniz democrático.

No lo olviden la próxima vez que les escuchen. Y recuerden, no dejen de recordarlo nunca, que democracia no es sinónimo de votar cada cuatro años.

1 Comment
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    17 septiembre, 2016 at 7:49 am Responder

    Uso (profuso) de comas aparte, buena proclama: cuando decimos que la democracia es deliberativa, es decir no es tanto el voto (ni en las elecciones ni en los Parlamentos, ojo) como el ocurrir el proceso ante la opinión pública con el objeto de que ésta valore, pareciera que somos en exceso formales. Pero la verdad es que a lo que se llama SOCIEDAD ABIERTA es a eso, a que el poder no las tiene todas consigo porque resta una incertidumbre fruto del pluralismo social. Así que el plasma, el no comment, el ya si eso, el no me lleve por donde no quiero ir,y etcétera, son claramente antidemocráticos.

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