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Hoy es un buen día para leer

Por Agustín L de la Cruz.

Madrid en un futuro muy cercano, una ciudad dividida en sectores excluyentes según el nivel económico de sus habitantes, un país dominado por una gran corporación farmacéutica y gobernado por unos políticos de tintes cada vez más autoritarios, protestas en las calles abanderadas por un activista denominado El Susurro, una sociedad en la que el paro ha superado el 60% y el caos parece a punto de estallar. La mecha que conduce a ese estallido es un virus, el “mal de la tristeza”, que provoca cuadros depresivos en los infectados y los lleva al suicidio o a una muerte que se acaba manifestando con lágrimas de sangre en los ojos. ¿Realidad o ficción? Por ahora, el argumento del cómic Hoy es un buen día para morir.

“Para mí esto es una pasión más que un trabajo, una pasión que me mantiene vivo”, afirma dentro de su propia obra el autor de esta novela gráfica, Jesús Colomina. Colo es dibujante y también músico, así que a buen seguro que se refiere a ambas pasiones, al cómic y a la música: de hecho, la edición de Hoy es un buen día para morir que acaba de publicar la editorial Dibbuks viene acompañada de su propia banda sonora, un disco compuesto para la ocasión por Colo y su banda. La frase en cuestión podría parecer casual, una más como las que cualquier autor suele decir cuando es preguntado por su oficio. Sin embargo, es la clave que sostiene la arquitectura de esta novela gráfica, el elemento fundamental al que el lector irá llegando mientras atraviesa una trama apocalíptica con claras resonancias de la actualidad en la que vivimos.

Hoy es un buen día para morir es un cómic político pero también filosófico, una obra densa, profundamente literaria por momentos, con una panoplia de personajes cercanos, creíbles y bien construidos. El dibujo es realista, correcto, sin apenas alardes salvo una salvaje panorámica de un Congreso de los Diputados convertido en cadalso. En su contra juega alguna que otra decisión sorpresiva que no parece lo bastante justificada o sólida, pero el conjunto está magníficamente planteado y resuelto. Además, se ajusta muy bien al concepto tan llevado y tan traído de “novela gráfica”, ya que tanto por dimensiones (casi 400 páginas) como por variedad y profundidad uno tiene la impresión de estar leyendo una novela dibujada, y de la mejor ciencia-ficción humanista.

Tiene puntos en común con esa obra maestra del cómic que es V de Vendetta, y en cierto modo sería como haber leído el clásico de Alan Moore no ahora, sino en los ochenta: sumergirse en la lectura de Hoy es un buen día para morir se parece a bucear en el presente en busca de algo que salvar de nuestro naufragio colectivo. Ese algo es una cuestión tan primordial como el apasionamiento por la vida y la búsqueda de la belleza, y en estos tiempos de zozobra, especialmente durante estos meses de verano en los que, lejos de haber asaltado los cielos, nos dedicamos a hacer inventario de fuerzas perdidas y de ilusiones desgastadas, Colo nos propone, como el buen narrador que es, un interesante “continuará”.

(la ilustración del texto pertenece al mismo cómic “Hoy es un buen día para morir”)

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