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Indignidad -El Tarajal-

A veces me avergüenza pertenecer a la misma especie que algunos de mis congéneres.

En concreto, cada vez que leo noticias sobre lo ocurrido en la playa de El Tarajal hace poco más de un año, me ocurre.

Unos inmigrantes africanos estaban intentando llegar a tierra a nado desde el mar. Allí había Guardia Civiles. Nadie intentó rescatarlos. Se usó material antidisturbios contra ellos. Y todo lo que tiene que decir el Delegado del Gobierno de Ceuta es que 1.-Los inmigrantes murieron ahogados, sin precisar para ello intervención de la Guardia Civil. 2.-Además es más que probable que el litro de agua que les ahogó fuera marroquí.

No entro en lo que diga la legislación de fronteras, que me parece repugnante, ni le echo la culpa a la Guardia Civil de lo ocurrido allí, que bastante tienen los Guardias Civiles de frontera con recibir órdenes tan duras aveces, incluso estoy segura de que habrá muchos que muchas veces no las obedezcan. Por cierto que no estoy segura que obedecer órdenes sea lo único que puedan hacer, ya que de lo que sí estoy segura es de que existe el concepto jurídico “orden ilegal”, por tanto habrá veces en que sea posible no obedecer.

Donde sí entro es en las órdenes inhumanas que recibieron unos servidores públicos para, en vez de rescatar de un probable ahogamiento a unos seres humanos igualitos que nosotros, asistieron primero impávidos y luego utilizando pelotas de goma y gases lacrimógenos contra ellos, asegurando así su muerte. Asegurar la muerte de otro. Además desde el aparato. Qué asco.

Donde sí entro es en que, inmediatamente después, en vez de salir la persona responsable de esas órdenes y su superior “político” y pedir perdón, dimitir, avergonzarse y arrepentirse incluso. lo que ocurre es un lamentable peloteo de la culpa previo negar la mayor. Se creen que somo imbéciles o inhumanos, sin darse cuenta que aquí cobra completo sentido el dicho infantil “EL QUE LO PIENSA LO ES”.

Editorial: María Lanzas

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