footer

Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

...::Politocracia::... | Levantémonos
836
single,single-post,postid-836,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,select-theme-ver-4.1,side_area_slide_with_content,wpb-js-composer js-comp-ver-5.2,vc_responsive
 
portada levantemonos

Levantémonos

Irlanda es uno de los países más azotados por esta estafa que algunos se empeñan en llamar crisis, junto con Grecia, Portugal y España. Si uno pasea por O’Connell Street, la calle más emblemática del centro de Dublín, encontrará a su paso numerosas tiendas de permanentes rebajas, locales de comida rápida, y un spire o monolito de acero (que costó nada menos que cuatro millones de euros) cuya única utilidad es la de servir como meeting point para locales y extranjeros. Pero al lado del puntiagudo spire hay una estatua de un hombre con los brazos abiertos, en actitud declamatoria. Si uno se acerca lo suficiente y la lluvia y los turistas se lo permiten, comprobará que representa a un tal Jim Larkin, líder sindical de principios del siglo veinte. Y es que se trata de una calle llena de historia para quien desee buscarla y confrontarla con el presente rápido y de saldo: la imponente oficina del servicio postal fue escenario de los combates de aquel lejano Easter Rising de 1916, el “levantamiento de Pascua” que inició el final del largo camino de los irlandeses hacia su independencia. Al fondo de O’Connell, no muy lejos de la casa de James Joyce, no muy lejos tampoco del estudio de Francis Bacon, hay otra estatua, dedicada a Charles Stewart Parnell, brillante político irlandés del diecinueve. Y si de estatuas se trata, cómo no mencionar la del propio James Joyce, escondida a pie de calle entre los turistas, hermanada al antojo de mi recuerdo con la del lisboeta Fernando Pessoa, sentado frente al café A Brasileira, tanto que se diría que son la misma (o la de alguno de sus heterónimos). Volviendo a la de Larkin, si uno se acerca un poco más, desafiando ya toda lógica turística, verá una inscripción, una frase inolvidable, tal vez la mejor herencia de un James Larkin que pasó a la historia como héroe para unos y villano para otros, dada la división que provocaban sus acciones y discursos hacia el final de su carrera.

 

Hoy, día después del referéndum con el que el pueblo griego ha rechazado las medidas del Eurogrupo, conviene invocar el grito de guerra de Big Jim Larkin, para embozarnos en él ante las batallas que se avecinan: la oscura Troika seguirá intentando chantajear a Grecia, y en unos meses celebraremos en España y en Portugal sendos procesos electorales determinantes para seguir bajo el yugo de los mercados o empezar, al fin, a reconquistar espacios de libertad y soberanía. En la placa bajo la estatua del irlandés, la frase en cuestión aparece en tres idiomas: francés, gaélico e inglés. Añadiendo el mío, y teniendo en cuenta que el original proviene del revolucionario francés Camille Desmoulins, la cosa queda como sigue:

 

Les grands ne sont grands que parce que nous sommes à genoux: Levons-nous.

Ní uasal aon uasal ach sinne bheith íseal: Éirímis.

The great appear great because we are on our knees: Let us rise.

  

Los grandes parecen grandes porque nosotros estamos de rodillas: Levantémonos.

 

Texto: Agustín L de la Cruz

No Comments

Post a Comment

*