Contra Casado no viviremos mejor

Contra Casado no viviremos mejor

El primer asalto de las primarias del PP se ha saldado con Cospedal sobre la lona, Soraya ganando a los puntos y Casado, que en principio era el tercero en discordia, perdiendo por muy poco. Como suele ocurrir en determinados deportes, el final siempre es más propicio para quien llega a la prórroga salvando los muebles que para quien ha ido ganando con soltura y  se ve en un final apretado o con una victoria pírrica. Es Pablo Casado el que hoy se pasea subido de adrenalina, clamando por una “alianza de perdedores” para desbancar a Soraya, después de haber criticado hasta la saciedad que Carmena se hubiera servido de algo similar para librarnos de Esperanza.

Pablo Casado: el clon de Rivera

Los humoristas gráficos están desolados y angustiados ante la posibilidad de que Pablo Casado sea el líder del PP. Muchos de ellos están ya asistiendo a terapia de grupo porque no sabrán diferenciar la caricatura del joven diputado por Ávila y de Albert Rivera. Tampoco llegaremos a conocer si la mayor aportación de la FAES a la política mundial es la clonación, si Casado es la oveja Dolly de la derecha española para echar por tierra ese discurso del chico guapo, joven, impulsivo, polemista, histriónico, machirulo y ultraliberal en que se ha convertido Albert Rivera, si es que alguna vez fue otra cosa.

Pablo Casado y Albert Rivera

 

¿Qué nos conviene? Es la gran pregunta que se plantean muchos en estas semanas previas al Congreso del PP. Lo primero que hay que aclarar es es el complemento indirecto de esa cuestión, porque no será lo mismo para un dirigente de empresa del Ibex35 que para un parado de Extremadura o un concejal del PP.  Para la gente de derechas, conservadora y tradicional cualquier opción será mejor que la de Soraya. Casado y Cospedal representan las esencias del barrio de Salamanca, un electorado que el PP tendrá asegurado de por vida aunque surgieran mil Bárcenas bajo las alfombras. Pablo Casado, además de asegurar a ese votante tradicional gracias al padrino Aznar, reúne las condiciones para una pelea en el barro con Albert Rivera y que permitiría recuperar a los desencantados de la corrupción pepera que se han ido al partido naranja.

Apostar por Casado es arriesgado

Es una apuesta arriesgada por varias razones: la primera es que no hay que descartar que Pablo Casado aprobara parvulitos en la Universidad Juan Carlos I con una versión plagiada de las canción de los pitufos. La segunda de las razones, la de mayor calado político, es que alguien que viene de la FAES y para impedir el avance de Rivera va a tener que articular un discurso muy de derechas, muy conservador, muy antisocial, muy protector de las esencias europeas frente al mundo entero y demasiado condescendiente con movimientos fronterizos con el populismo xenófobo.

Hay quien cree que Soraya representa la derecha más moderna que puede encarnar el conservadurismo español, con un talante diferente y muy parecido al de uno de sus valedores, el que fuera ministro de Fomento Íñigo de la Serna. Mucho me temo que los compromisarios del PP se van a decantar por aupar al joven que viene despuntando y hay quien cree, desde la izquierda, que contra Casado se vivirá mucho mejor, tendrá la mandíbula de cristal, será fácil batirle y se acabará la carrera de esa mezcla de Macron, Salvini y Rivera. No. Contra Casado lo pasaríamos muy mal. Basta con asomarse a esa presunta fábrica de ideas que es la FAES para saberlo. No hacen falta ni pitonisas.

Por Javier Figueiredo

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