El buen periodista - Politocracia
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El buen periodista

En estos tiempos saturados de noticias falsas y verdades a medias, pareciérame adecuado loar, pero sobretodo recordar la labor del buen periodista.

El buen periodista no debe venderse a nadie, ni a patrocinadores, ni a jefes, ni a políticos, ni siquiera a su medio. Debe ser leal únicamente al público, pero especialmente leal a la búsqueda incansable de la verdad.

El buen periodista es objetivo, no imparcial. Es lícito que tenga preferencias, pues todo ser humano las tiene, pero es ilícito que cuente la realidad de forma sesgada, manipulada, tendenciosa o incompleta, pues el resultado es siempre la alteración del relato de la verdad, o lo que es lo mismo, la creación de la mentira.

El buen periodista investiga y comprueba, y tras eso vuelve a investigar y a comprobar, y es por ello que su oficio nunca puede caer en la inmediatez del ritmo de vida moderno. La investigación periodística requiere tiempo, seguridad, fuentes fiables, hechos, comprobaciones y sobre todo, mucho trabajo.

El buen periodista debe ejercer de control independiente del poder político, y nunca ser amigo, compadre o compañero de este. Su oficio es ejercer la importante labor de control democrático de los medios al poder. Debe ser la lupa que vigila, la pregunta que incomoda y el dedo que acusa.

El buen periodista debe estar siempre públicamente del lado de sus compañeros de profesión cuando estos son atacados o ninguneados por el poder, sean estos del medio o ideología que sean. Defender a sus compañeros es defender a su profesión, al público que sirven y a la labor de control al poder que ejercen.

El buen periodista sobretodo debe, y con esto termino, respetarse a sí mismo y respetar el elevado listón de su profesión. No debe venderse nunca, ni siquiera cuando el hambre apriete, porque el día en que se cuestiona si debe o no publicar esa historia es el día en que deja de ser periodista. Comprobar, sí. Censurar, jamás.

Mi admiración a los buenos periodistas y las buenas periodistas, guardianes ambos de nuestras libertades, y sufridas víctimas del ascenso y sustitución implacable de la noticia por la paparrucha.

Artículo sobre el Informe 2017 de Reporteros Sin Fronteras

Por Samuel Grueso

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