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Pedro Sánchez, rosas y espinas

Por Agustín L de la Cruz.

Esto va en serio: Pedro Sánchez es el mejor líder que puede tener ahora mismo el PSOE, o al menos el que mejor representa a las bases del partido y a sus votantes. Partamos de una premisa que nos parece indiscutible: a corto y medio plazo, cualquier alternativa de gobierno progresista para España pasa por un acuerdo entre Podemos y PSOE. Con sorpasso o sin él, con Ciudadanos o con los nacionalistas, con terceras o cuartas o quintas elecciones de por medio, esta es la opción para formar gobierno más apoyada en las encuestas, sobre todo entre los votantes de uno y otro partido. Todo lo demás es más PP, más recortes, más corrupción y menos democracia, por mucho que Rivera se empeñe en lavarle la cara a Rajoy.

No hace falta ser un politólogo emérito para darse cuenta de esto, seguro que Pedro Sánchez lo vio claro en diciembre. Pero entonces los temidos barones (y la propia actitud soberbia de Pablo Iglesias) no le dejaron más opción que la de pactar con Ciudadanos un programa que poco tenía de progresista, con tal de aislar a Podemos y ver si la repetición electoral aclaraba el panorama. Lejos de aclararlo, los comicios de junio dejaron en una posición todavía más complicada al PSOE. A principios de este verano todo apuntaba a que Pedro Sánchez daría su brazo a torcer y permitiría la continuidad en el poder del “indecente” Rajoy. Sin embargo, se ha mantenido firme en su “no es no” y se dispone, a la vuelta de las elecciones gallegas y vascas, a intentar formar gobierno de nuevo.

No posee un gran carisma a pesar de su aspecto de galán, tampoco es un gran orador, y para colmo le ha tocado liderar a los socialistas en su peor momento histórico. Pero algo tiene Pedro Sánchez que le permite seguir a flote: la convicción de procurar no ser él quien entierre al PSOE, puesto que hay tantos compañeros suyos conjurados para acabar con la organización fundada por Pablo Iglesias (el original). En realidad, podríamos decir que Pedro Sánchez se define por oposición a los enemigos internos que tiene, siendo los más belicosos y representativos Susana Díaz y Fernández Vara. Ambos dirigentes territoriales, en lugar de apoyarse en Podemos, prefieren pactar con la derecha para mantenerse en el poder (Díaz acordó su investidura con Ciudadanos, Vara aprobó los presupuestos gracias al PP). No es de extrañar por tanto que sean también un andaluz y un extremeño los exmandatarios socialistas más obcecados en torpedear a Pedro Sánchez: Felipe González le pide continuamente que deje seguir gobernando al PP, cuando no reclama una gran coalición; Rodríguez Ibarra ha declarado que abandonará el PSOE “temporalmente” si llegara a producirse un acuerdo con Podemos.

Según numerosos analistas, hay riesgos evidentes de que el PSOE acabe por convertirse en una formación política “del sur de España”, es decir, reducida a ciertas cuotas de poder en esos territorios y cada vez más insignificante en el resto. Esto explica que los dirigentes extremeños y andaluces se aferren a lo suyo: sin tener en cuenta las preferencias de la militancia y de los votantes, prefieren más PP para España, seguir ninguneando a Podemos, y mantenerse ellos en sus feudos, cual caciques eternos. En resumidas cuentas, lo más conveniente para Pedro Sánchez y para el PSOE sería que personas tan leales y tan progresistas como Rodríguez Ibarra abandonaran su organización… definitivamente.

2 Comments
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    26 septiembre, 2016 at 8:01 am Responder

    Lo más divertido de este post es la primera frase…

  • Antonio Peña

    27 septiembre, 2016 at 5:36 pm Responder

    No hay rosa sin espina ni espinas sin rosas.

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