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Populismos, Trump y votos vergonzantes

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Populismos, Trump y votos vergonzantes

Por Javier Figueiredo.

Uno de los creadores de este blog, y a quien le debemos la gran calidad gráfica del mismo, me pedía una nueva colaboración el lunes 7 de noviembre. Le contesté que lo haría pasadas las elecciones en los Estados Unidos y le vaticiné que iba a ganar Donald Trump. He de confesar que hubiera preferido equivocarme y que no tengo ningún poder adivinatorio, puesto que solo me dejé guiar por un par de datos: que todas las encuestas estaban acercándose al llamado “empate técnico”, y que a ese empate habría que sumar el voto vergonzante y oculto al candidato ultraderechista.

Creo que los demócratas perdieron las elecciones el día que Bernie Sanders cayó en las primarias. Era un candidato que tenía un discurso y una trayectoria, un pasado como senador beligerante frente a las políticas conservadoras (ya fueran implementadas por republicanos o por sus correligionarios de partido), y una capacidad para conectar con capas de población jóvenes y dinámicas, que consiguieron poner en apuros a todo el aparato mediático y al establishment demócrata con apenas 25$ de media en cada aportación económica a su campaña. Todos los analistas coincidían, una vez que Trump se perfilaba como el candidato republicano, en que Sanders sería una alternativa mejor que Hillary Clinton, ya que ella era una persona incapaz de atraer a millones de votantes que sí se acercaron a votar a Obama pero que no lo harían por alguien que lleva toda la vida apoyando muchas de las miserables políticas que salían de Washington. De todos modos, a los poderes establecidos siempre les habría parecido mejor Trump que Sanders porque, en el fondo, es uno de ellos.

Durante la última semana ha habido un intento de identificar a Trump con Podemos que merecería un breve capítulo aparte. Trump ha atraído un voto de gente empobrecida en cinturones industriales en declive con unos mensajes cargados de nacionalismo patriótico, pero nada tienen que ver las propuestas de unos y de otros. Trump no es nuevo en el panorama político: sus formas y propuestas bien recuerdan los “exitosos” logros de Jesús Gil a principio de los años 90, y en nada se parecen ni beben de las mismas fuentes que otros movimientos que han puesto es su frontispicio a los Derechos Humanos como principal objetivo y único camino. De todos modos, el que hayan sido Albert Rivera y Susana Díaz quienes se hayan atrevido a hacer la comparación, lejos de poner en peligro la credibilidad de la fuerza morada, es casi un refuerzo tal y como están las cosas.

Decía en el primer párrafo que el acierto al vaticinar el triunfo de Trump se debía la suma de ese empate técnico añadido al voto vergonzante que existe entre quienes optan por las opciones más conservadoras. Lo hemos visto aquí y en Ohio: hay gentes que se sonrojarían diciendo en público que han votado a opciones tan reaccionarias o llenas de corrupción hasta la coronilla, pero existen y no son pocas. Preguntémonos en qué están fallando los mensajes de las fuerzas transformadoras para no saber llegar a esas clases medias y bajas, tan depauperadas, que se suben al carro electoral del primer vendedor de crecepelo que da gritos en la feria.

 

1 Comment
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    15 noviembre, 2016 at 1:16 pm Responder

    Es obvio que no hay victoria de Trump sin derrota de Clinton. Dedicar milésimas de segundo a comparar Podemos con Trump es una estrategia claramente inidónea para impedir un Trump aquí. Digo más: ¿no será Rivera, mutatis mutandis, nuestro Trump in pectore? El mutatis es clave: Trump es multimillonario. El mutandis menos: ambos hablan muy bien.

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