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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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SHOW ME A HERO

Por Agustín L de la Cruz

A Sánchez Mato, in memoriam

Si en mi anterior artículo hacía referencia a una película para tratar de atravesar la Cortina de humo con la que nos ocultan la realidad, en esta ocasión voy a tomar como referencia la serie de HBO Show me a hero para dar cuenta del último episodio de la guerra larvada entre el Gobierno de España y el Ayuntamiento de Madrid.

Ambas instituciones son emblemas, respectivamente, de lo que no se puede (no se puede apartar al PP del gobierno central, no se puede gestionar la economía de forma ajena a la austeridad y al capitalismo de amiguetes) y de lo que sí se puede (sí se puede ganar al bipartidismo, sí se puede gestionar lo público de forma eficaz y honesta). Solamente unos pocos datos a modo de muestra: mientras el gobierno de M. Rajoy ha bajado la presión fiscal hasta situarla siete puntos por debajo de la media de la eurozona al mismo tiempo que mantiene un gasto social inferior incluso al de países rescatados como Grecia y Portugal, el gobierno de M. Carmena ha reducido la deuda municipal en dos mil millones de euros y ha logrado un superávit de más de mil millones de euros en el último ejercicio fiscal. ¿Cuál ha sido el premio para tan ejemplar gestión económica? El premio ha sido un castigo: el ministro C. Montoro ha precipitado con sus astucias el cese del heroico concejal de Hacienda, de cuyo nombre, a pocas horas de la noticia, ya nadie se acuerda.

Show me a hero, HBO

En la serie Show me a hero asistimos al ascenso y caída del alcalde de Yonkers, una pequeña localidad del estado de Nueva York, en una trama que gira en torno a la decisión de un juez que obliga al municipio a construir viviendas sociales ante la fuerte oposición de los vecinos. No está de más recordar, hablando de políticas de vivienda, la abismal diferencia entre la gestión de la anterior alcaldesa madrileña (una tal A. Botella, que vendió viviendas protegidas a fondos buitre para que éstos echaran a los inquilinos de sus casas y especularan con ellas) y la actual, que está intentando revertir la situación a pesar de toparse con importantes trabas legales en su contra (trabas legales que, por supuesto, no encontró la caritativa esposa de J.M. Aznar a la hora de dejar en la calle a los más necesitados).

Volviendo a la ficción basada en hechos reales de Show me a hero, el alcalde se enfrenta a la incomprensión y a la ingratitud de sus conciudadanos por atreverse a cumplir la ley y preocuparse de mejorar las condiciones de vida de las clases populares. Se cumple así el lema mediante el cual se anuncia la serie: “¿Cómo sabe un político que está haciendo lo correcto? Porque se lo hacemos pagar”.

Las cuentas del Ayuntamiento de Madrid

Dos mil millones de reducción de deuda y más de mil millones de superávit, en una España atravesada por el despilfarro y la corrupción, donde sigue habiendo que soportar esa percepción mágica, bien cultivada por la prensa y recolectada en las universidades, según la cual los conservadores gestionan mejor la economía (mejor para sus propios y espurios intereses, desde luego) y sólo se vota a los herederos políticos del 15M cuando no tienen opciones de ganar, porque no confiamos en que lo hagan bien si gobiernan (cuando resulta que ya están gobernando las dos principales ciudades del país). El ya anónimo exconcejal de Hacienda puede estar tranquilo: es un héroe y se lo han hecho pagar, y apenas se menciona su hazaña entre grandes titulares dedicados a lo que importa, que es echar toneladas de tierra sobre el mandato de Ahora Madrid. Por su parte, el todavía ministro de Hacienda, olvidándose de que otros muchos ayuntamientos incumplen la regla de gasto y para colmo presentan enormes deudas y una desastrosa gestión económica, se aprovecha del saneamiento de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid para adecentar las del Gobierno de España: se trata, por descontado, de intervenir y sojuzgar la punta de lanza del sí se puede, la prueba fehaciente de que, más allá de cinismos y decepciones varias, otra política es posible y sirve, cuando menos, para ahorrarnos dos mil millones de euros de deuda. La guerra continúa, pero la propaganda gana terreno a la verdad, y el miedo no termina de cambiar de bando.

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