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Sí nos representan

El alcalde de Cádiz ofreciendo el bastón de mando a sus conciudadanos, que lo vitorean al grito de “sí nos representan”. La alcaldesa de Barcelona sonriendo, un tanto abrumada, bajo una lluvia de lo que parecen pétalos: como si fuera una boda y ella se casara con el pueblo. El alcalde de Valencia, exultante, abriendo puertas y ventanas para ventilar la casa común de la corrupción. La alcaldesa de Madrid saludando como una estrella pop, madonna del cambio; de fondo, banderas republicanas y el coro del “sí se puede”. En Galicia, las mareas altas del Nunca Máis eran algo más que hilillos de plastilina. Y hasta IU en Zamora, que no se conquistó en una hora. Valladolid, Badalona, Zaragoza, Xátiva: adiós a la impunidad, la prepotencia tiene su castigo en las urnas.

Se acabó el turnismo, se acabó el bipartidismo. Se acabó el quítate tú para que me ponga yo, que ya me toca según la coyuntura socioeconómica. Ahora, a gobernar en común y en minoría, a sudar la camiseta, a mandar obedeciendo, a prometer por imperativo legal, a poner las instituciones al servicio de la gente, a bajarse los sueldos, a parar desahucios, a luchar contra la pobreza, a abrir escuelas y hospitales. Andaos con mucho cuidado, socialistas de solera y carné, que se anuncia el sorpasso allá donde todavía no se ha producido.

Los próceres del PP ladrando su rencor por las esquinas, aferrándose a las escasas capitales que han conservado gracias a la muleta barata de Ciudadanos. El miedo está empezando a cambiar de bando. La multitud inteligente que rodea los ayuntamientos, que festeja la investidura de sus representantes. Debe de ser la primera vez desde 1982 que no salimos a la calle para protestar, sino para celebrar una victoria electoral.

Pero yo no he venido a deciros cómo acabará todo esto: sólo he venido a deciros cómo va a comenzar. El camino lo hacemos tú y yo, con Ada y Manuela, con Remigio en Badajoz y donde toque hacerse fuertes en la oposición. Porque sólo hay una forma de acabar con la clase política, con los privilegios, con los chanchullos, con la casta: convirtiéndonos todos en políticos, transmutándonos todas en dueñas de nuestro futuro. Cómo no nos van a representar, si somos nosotros mismos.

Texto: Agustín L. de la Cruz

 

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