fondo si seguimos

Si seguimos así, seguiremos así

Por Juan Antonio Doncel.

Si yo dijera “el siglo XX fue el siglo de los judíos” merecería, cuando menos, el calificativo de cínico. Pero el cínico no es exactamente un mentiroso, es más bien un desvergonzado, un impúdico, un provocador. Cuando comenzó el siglo XXI, o sea el actual, escuché, creo que a Mayor Zaragoza, decir que “será el siglo de las mujeres”. Todo indica que, si seguimos por este camino, habría que completar la frase con “o si no será el último siglo”, pues no quedará mucha población para contarlo. Puesto que, permítaseme afirmarlo con palabrería, SI SEGUIMOS ASÍ SEGUIREMOS ASÍ. Mientras sólo estemos asombrados, atónitos, indignados si queréis, el problema seguirá enquistado, para el caso de que no crezca. Porque, pienso que éste el sentido de la frase de Mayor, si el Renacimiento quiso acabar con la oscuridad de la larguísima Edad Media, si la Revolución francesa quiso acabar con la magia en pro de la razón, si el siglo XIX alumbró el movimiento obrero y el XX supuso la batalla entre el liberalismo y sus dos mayores enemigos, el marxismo y el fascismo, así como el fin de las colonias, el sentido de nuestro siglo ha de ser éste: porque hablamos de la gran cuestión política de nuestra época, de lo que definirá (o no) nuestro presente y nuestro porvenir. Las mujeres, la mujer. Es decir todo. Todo. Todos y todas. Tod@s. En ese sentido, quiero expresar dos vertientes bien separadas de la cuestión: al medio plazo y para esta misma semana. Porque se trata de problemáticas diferentes. Al medio plazo, el problema no es la discriminación, la violencia, la sumisión, la visión machocéntrica del mundo… todo ello son consecuencias del problema. El problema es EL GÉNERO. Un mero ejemplo: dicen los expertos que, cuando se dirigen a niñ@s en los colegios, cuesta mucho hacerles entender qué es la violencia de género. Eso es porque el género es el sustantivo y la violencia el complemento circunstancial, pero se explica al revés. L@s niñ@s no entenderán la violencia de género mientras no entiendan el género, en el que ni siquiera han caído como discutible, como contingente y no como connatural. Así que, en resumen, a medio plazo la solución es la destrucción del género como categoría de organización social y su sustitución por otra más acorde con los valores de libertad e igualdad que presuponemos esenciales, si hablamos en términos políticos clásicos, o meramente con la felicidad si queremos ser más llanos. Ahora bien, tales me parecen grandes palabras, y no quiero detenerme ni en cómo hacerlo, qué obstáculos hay, cuál es el resultado previsible, cuáles los ingredientes fundamentales que lo lograrán (como en todo cambio social relevante, una cuidadosa combinación de avance tecnológico con valoración intelectual), pues la segunda vertiente acucia ya para ayer: muertas, decenas de muertas, miles si ampliamos el foco más allá de nuestro país, ése que aquí ha de helarte el corazón desde cualquiera de las varias Españas que existen… y entonces lo que digo es que todo el sistema político debe ponerse como absoluta prioridad, como lo fue el terrorismo pero más, pues es peor, la protección de las miles de mujeres como tú que están amenazadas de muerte y no sólo, por miles de hombres como yo o como tú que no podemos seguir pasando por la cuestión como si fuera una locura de un congénere (esta palabra es principal) o de varios, pues no es así, es nuestra condición misma la que mata, la que agrede, la que humilla, la que acalla, la que encierra, la que tortura, la que destroza y destruye e impone su sitio a costa del de las mujeres. Y, a lo que se ve, el sistema político sólo va a actuar a demanda, así que además de exigir tendremos que aportar, que hacer, que colaborar, que contribuir como si nos fuera la vida en ello. Porque nos va la vida, la vida entera, en ello. La nuestra y la de tod@s.

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