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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Siéntete inferior, siéntete mujer

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Siéntete inferior, siéntete mujer

Por Alicia Galisteo. 

En unos días todas las instituciones, asociaciones y demás organismos del Estado se vestirán de morado para recordar que en nuestro país ser mujer conlleva que algunos hombres crean que tienen derecho a decidir cuando quieres morir, cuando quieres ser atacada por la espalda, cuando quieres vivir con miedo o cuando quieres morir carbonizada.

Esta decisión tomada por el hombre es respaldada por nuestra sociedad y por nuestra cultura, esa misma que el viernes saldrá con el lazo morado. La misma que mira para otro lado, la misma que educa en la debilidad de la mujer frente al hombre, la de son cosas de niños, la que pone género a los juguetes, la de “los hombres no lloran” o la que vio demasiadas películas Disney y sólo cree en un amor romántico construido a base de posesión.

Pero lo que es más preocupante es que las adolescentes cada vez sufren más esta violencia y esta muerte en vida. Las nuevas tecnologías han hecho que haya una dependencia a lo instantáneo, al doble click y a la respuesta al segundo, a un control incontrolable que cada vez nos hace menos libres y más atadas a los que poco a poco empiezan a sentirse dueños de nuestras vidas.

Y llega la noche, y las discotecas nos ofrecen la entrada gratis para ser el mejor reclamo y para que escuchemos algunas canciones que desde principios de nuestro siglo están poniendo su semilla para creernos inferiores y malvadas. Por poner un ejemplo, una que está actualmente en el “top 10” de las más escuchadas como “Traicionera” que reúne todas las características de las mujeres “infieles, mentirosas…” mientras muestra al hombre como la víctima que muere de amor a manos de una mujer “mala”.

Y es que esta ideología arrastrada desde que le dimos un bocado pecador a una manzana, nos lleva a contabilizar mujeres muertas por el machismo de una sociedad que cuenta a sus víctimas con minutos de silencio, sin invertir en una educación de empoderamiento de la mujer, sin invertir en una educación emocional, sin quitarles a unos padres unos pensamientos de otro siglo, poniendo capas de invisibilidad a la realidad en la que vivimos.

Hoy hago un llamamiento a los que el próximo viernes se pongan un lazo morado, el simbolismo de un día se olvida y después volveremos a contabilizar muertes, a ser amenazadas, a vivir con miedo por lo que nos pudiese pasar si volvemos solas a casa. Vamos a empezar a socializar en la diversidad, en el respeto a las personas y a la vida.

¡NI UNA MENOS!

1 Comment
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    30 noviembre, 2016 at 5:58 pm Responder

    Quitar los géneros. O si no nada.

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