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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Trans-formando la sociedad

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Trans-formando la sociedad

Por Alicia Galisteo.

En los últimos días, la transexualidad se ha introducido en la agenda setting de los medios de comunicación permitiendo la visibilidad de nuestra sociedad, y todo esto ha sido gracias a los que siempre han querido ponerle la loza de la vergüenza, del ostracismo, del odio y de nuestra cultura ultracatólica.

Cuando los españoles votaron la Constitución en 1978, votaron por las libertades individuales y colectivas, por los derechos humanos y por una libertad que había estado secuestrada durante cuarenta años por un régimen autoritario y cuyo fundamento moral y ético se basaba en la doctrina católica más retrógrada. Con la llegada de la democracia  los españoles creíamos que la modernidad había llegado y que nos habíamos vuelto tolerantes y respetuosos como por arte de magia, pero nada más lejos de la realidad.

Había temas como los de la transexualidad que estaban silenciados, tanto por las instituciones políticas como por los medios de comunicación, y cuya visibilidad se reducía a programas de televisión en los que la degradación y los tópicos se apoderaba de la mente de los televidentes y nacía en esta comunidad ese techo de cristal lleno de incomprensión tan complicado de romper y en el que la educación debe ser pilar fundamental para romperlo.

A partir de 2005, empezaron a desarrollarse una serie de leyes que protegían al colectivo LGTBI, lo que en las calles se tradujo en manifestaciones de las mismas personas que ahora han paseado intolerancia por las calles de Madrid, pero por suerte los medios de comunicación han tomado partido dándole la vuelta al odio y mostrando a personas transexuales de todas las edades y a sus familias alzando la voz a favor de la libertad de identidad de género de cada persona y en una lucha continúa contra ese ADN del español que aún añora la oscuridad del franquismo y que con la democracia cogieron la bandera de la libertad de expresión para machacar, humillar e incitar al odio.

De esta forma, parece que se está dejando atrás la visión de la transexualidad asociada a la prostitución y se está dando paso al respeto a la diversidad que aún tiene un largo camino que recorrer y cuyo estandarte debe ser la educación y unas leyes que protejan la identidad de género y este camino debe ser inversamente proporcional del que recorra el autobús de Hazte Oír. Con el deseo de que en nuestra sociedad la protagonista de la canción de Tam Tam Go! “Manuel Raquel” aguantaría con sus tacones y miraría de frente a la sociedad diciéndoles: “soy y siento como una mujer”.

1 Comment
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    13 marzo, 2017 at 8:28 am Responder

    Me gusta mucho la figura “TRANS-FORMANDO”: el cambio como construcción, y además TRANS, lo contrario de la uniformidad.

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