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Tratado (muy básico) de matemática y política

Por Javier Figueiredo.

176 es la cifra mágica del Congreso de los Diputados, la mitad más uno de los 350. Una cifra que se eligió hace 40 años, cuando en este país vivían 35 millones de personas que miraban a la peseta, como nos recordaba cada semana Alfredo Amestoy en un programa televisivo. El 20 de diciembre el parlamento rompió los moldes que tenían preparados en la cocina y dejó de haber dos sabores contrapuestos con unos cuantos aderezos testimoniales. Ahora tenemos un parlamento cuarteado que refleja una sociedad más plural, menos maniquea (aunque algunos no lo crean), con un mayor número de matices. Una alegría democrática para quienes prefieren elegir a su gusto y una pesadilla para los que desearían que no hubiera más opciones que comer carne o pescado.

“La izquierda no suma” – ha repetido Pedro Sánchez unas 400 veces en el último mes. Después de ver la primera sesión de investidura del 2016 tengo la duda de si en el PsoE ha pasado un virus que impide resolver problemas matemáticos de primer curso de primaria. Todos hemos ayudado a nuestros hijos a resolver este tipo de tareas escolares como las de este ejemplo. Pedro y Mariano quieren manejar un coche teledirigido para el que necesitan 176 euros o, en caso de no conseguirlos, tener más euros que el otro. Mariano es el que más dinero tiene (122) pero ningún niño quiere ayudarle porque luego lo lleva por donde le da la gana y no deja a nadie coger el mando ni un minuto. Pedro solo tiene 90 euros y Pablo le dice que con sus 69 y los dos de Alberto G. suman 161, muy cerca de los 176 necesarios. Además, le dice Pablo, sería fácil conseguir que otros niños de la clase, unos 25, no se opusieran a esta opción. Pero Pablo le dice que el mando habría que compartirlo casi fifty-fifty, ante lo que Susana (que es quien rige todo lo que Pedro hace) le ordena que no acepte los 71 que ofrece Pablo y que coja los 40 que le deja Albert, que ha venido nuevo de Barcelona y habla muy bien. Todo niño o niña de siete años sabe que es más fácil conseguir llegar a 176 partiendo de 161 que de 130. De ahí que cada vez que Pedro decía que la izquierda no sumaba hubiera quien volviese a contar con los dedos y preguntarse si el mantra se lo creía Pedro de verdad o era un mandato imperativo que llegaba por burofax desde Sevilla.

Una de mis películas favoritas es El viaje a ninguna parte de Fernando Fernán Gómez. Durante la última semana me he acordado de ese título cada vez que leía o escuchaba hablar del pacto del PsoE con Ciudadanos. De hecho es un viaje que si a algún lugar se acerca es a la misma senda por la que Mariano nos ha llevado en los últimos cuatro años. El clima creado en el primer debate de investidura complica todo, tanto del comportamiento hooliganesco de la bancada socialista como por algún exceso de ira verbal de Pablo Iglesias. Creo que Alberto Garzón puede ser una pieza clave para lograr ese entendimiento necesario para gobernar este país con la mirada puesta en la inmensa mayoría de las clases medias y bajas de este  país, con el respaldo de 11.301.771 personas (PsoE + Podemos y confluencias + IU) frente a los 10.715.976 de PP y Ciudadanos. Si tenemos en cuenta que un millón y medio de votantes (ERC, CiU y PNV) no impedirían un gobierno de los primeros y sí de los segundos, es hora de enviar a Pedro de nuevo a una clase de mátemática básica para que se aclare lo que suma y lo que no.

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1 Comment
  • Juan Antonio Doncel Luengo

    6 marzo, 2016 at 11:15 am Responder

    Fijaos que un referéndum en Cataluña supone la solución a dos grandes políticos españoles de la actualidad: la integración territorial y la formación de gobierno. Eso hablando sólo en términos de eficiencia.

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