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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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tu última oportunidad

Tu última oportunidad

Por Samuel Grueso.

Eh, tú.

Sí, te estoy hablando a ti.

Sí, no mires a otro lado, te hablo a ti, al que lee esto.

Supongo que ya te habrás enterado. Hay elecciones en un par de meses. Y no unas cualquiera, Elecciones Generales, las más importantes, las que pueden cambiarlo todo.

Mira, ya sé que te estás pensando si votar. Que además, no tienes muy claro a quién votar. Que no te fías, que te han engañado tantas veces que ya no eres capaz de confiar en nadie ni en nada. Pero esta vez es especial, amigo. Esta vez no es como las otras.

Verás, esta vez tienes una oportunidad, quizás la única que vas a tener en toda tu vida, de darle un buen guantazo en la boca a esos que llevan desde que tienes memoria tomándote por imbécil. Sí, ya sabes a quiénes me refiero: a ellos. A los que se han estado riendo en tu puta cara una y otra vez.

¿Qué? ¿Ya no te acuerdas? Permíteme refrescarte la memoria. Los amigotes trajeados que han estado mangoneando maletines a full de billetes de 500 napos en Valencia, en Madrid y en Andalucía especialmente, pero como te puedes imaginar en todos lados; mientras tú, pobre imbécil, ibas como un tonto con tu bonito currículo de recién licenciado mendigando cobrar 400 euros al mes por hacer lo que hiciera falta. No sé, quizás eres la pobre chavala que harta de todo cogió un Ryanair y se fue a Londres a fregar platos. Sí, puede que hayas encontrado algo, quién sabe, algún empleíllo por aquí o por allá que te haya dado para pagarte el botellón y comprarte tres camisetas de mierda en Primark. ¿Vaya lujazo, eh?

No lo sé, pero quizás eres de los que te indignaste cuando veías a los amigotes de los partidos grandes meterse by the face en los consejos de administración de las mismas eléctricas a las que luego les han hecho el favorcito de prohibir las renovables. O quizás a tu padre lo echaron después de 25 años dándolo todo con cuatro duros de paga, cuando antes, amigo, eran 8 duros. O quizás eres de los que vieron peligrar tener médico por estar currando fuera, o tienes una abuela a la que le redujeron la pensión, o un hermano que ahora paga el doble para poder estudiar; si es que aún os lo podéis permitir, claro.

Quizás te pareció una pasada que el Jefazo mandara teles de plasma a las ruedas de prensa cuando le pillaron con lo del tesorero. Luis, sé fuerte, y todo eso, ya tú sabes. No sé, quizás te parece bien que mientras no hay pasta para ti y los tuyos le estemos pagando la vida a los curas y que ellos, benditos sean, no tengan que pagar impuestos, pero tú sí. O que si te pillan en una manifestación protestando porque estás indignado lo mismo te meten medio millón de euritos de multa. ¿Tienes esa pasta? ¿No? Pues como te cojan sentado para hacer resistencia pacífica vas a tener que vender hasta el cepillo de dientes. No sé, quizás te parece guay que los multimillonarios de este país paguen el 1% de impuestos y tú, pobre tonto, estés pagando hasta por respirar. Pero quién sabe, algo me dice que eres de los míos. De los que estas cosas, y muchas más que seguro que tú mismo puedes recordar, te tocan bien los cojones.

Mira, te voy a hablar clarito. Esta es tu última oportunidad para que no te sigan tomando por gilipollas. No habrá más. Si la pierdes, la has perdido para siempre. Si no votas, todo volverá a la normalidad, volverán a reírse en tu puta cara y vas a seguir siendo más pobre que una rata. O peor aún, si les votas, pensarán que eres más tonto de lo que habían pensado, que después de joderte la vida, de jodérsela a los que te importan, de cargarse el país, de robar a manos llenas, de hacerle la ola a los corruptos en tu cara, y de, en fin, hacer lo que les ha salido de sus santos cojones los últimos ocho años, pensarán que encima cuentan con tu aprobación. Y tú, pardillo, volverás al redil de donde nunca te quisieron ver fuera. El redil de los pringados. De las putas que encima ponen la cama.

Tú verás lo que haces. Ya eres mayorcito, ya has probado lo jodida que es la vida, ya sabes lo que es buscarse las habichuelas, cómo te decía tu padre. Esta vez es tu responsabilidad, no la de nadie más. Esta vez depende de ti, tú vas a ser el que decida. Si no haces nada y dentro de tres meses les vuelves a ver riéndose en tu cara, espero que recuerdes que tuviste la oportunidad de darles un buen bofetón y no hiciste nada.

Tú verás. Luego no te quejes, pringao.

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