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Lo mejor que podíamos hacer, dadas las circunsatancias, era una revolución

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Vagina love. Crónica del 7N

Por Francisco Blanco.

Ayer tuvo lugar en Madrid una de las mejores manifestaciones a las que he asistido, una contra la violencia machista y sobre eso he reflexionado. La violencia machista no es sólo el maltrato físico o psicológico de un hombre hacia la mujer, eso sería simplificar demasiado el asunto. A la violencia machista contribuímos todos, todos los días, es el sometimiento de una parte de la población mundial (hombres) sobre la otra (mujeres).

Cuando vemos a mujeres cubiertas con el hiyab en los países Islámicos (y a nuestra Ministra cuando los visita) estamos asistiendo a un espectáculo de violencia machista. Una sociedad dominada por hombres que obliga y establece un régimen sociocultural que dice que una mujer debe cubrirse la cabeza desde la pubertad cuando esté en presencia de hombres que no sean familia directa. No es cultura, es violencia.

Pero no hace falta irnos tan lejos para ver comportamientos de violencia machista asimilados como “normales” en una sociedad, en nuestra Europa de libertades los vemos diariamente. El hecho de que un hombre cobre más que una mujer por el mismo trabajo, o que la mayoría de cargos directivos de una empresa sean hombres está tan asumido que ni nos escandaliza.

El lenguaje es otro caldo de machismos que desemboca directamente en diferentes tipos de violencia. Cuántos y cuántas de vosotr@s habéis pronunciado la frase “eres el hombre de la casa” a un niño; otorgándole así autoridad y responsabilidad sobre el bienestar de las mujeres del hogar. Cuántos y cuántas habéis criticado a una chica por su promiscuidad, voy más allá,¿cuántos habéis rechazado a una chica por su promiscuidad? como si la libertad sexual fuese sólo cosas de hombres y si la practica una mujer es un oscuro vicio que procede que alguna anomalía instalada en su clítoris.

No soy un experto en todo esto, hace unos años pensaba que la igualdad de género estaba más que superada, como si bastase con ver hombres haciendo tareas del hogar y madres solteras en el parque. De poco vale un minuto de silencio por una mujer asesinada por su pareja si llegamos a casa y decimos a nuestra hija que tiene que comportarse como una señorita. Sirva este artículo para la reflexión.

 

 

 

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