Buñuel en el laberinto de las tortugas

El próximo 26 de abril se estrena en cines “Buñuel en el laberinto de las tortugas”, film de animación dirigido por Salvador Simó Busom, quien aborda su primer largometraje con esta película basada en el libro de historieta homónimo, obra del cacereño Fermín Solís, cuya trayectoria dilatada y aplaudida da cuenta de una producción amplia y solvente en el medio, pero que en los últimos años se ha visto un tanto más silenciada, posiblemente por estar el autor enfocado en otros quehaceres más lucrativos. Originalmente publicado en 2008 y aprovechando el boom mediático del film, el libro ha sido reeditado por Reservoir Books con algunos cambios en su contenido.

Un cineasta insólito y un documental polémico

Partiendo de la predilección de Solís por el género biográfico, aunque saliéndose de los cauces más intimistas y personales que suele tratar, este libro de lectura muy recomendable, toma como protagonista emblemático a Luis Buñuel. Cineasta de sobra conocido, irrumpió con fuerza en el panorama artístico de los años 30 del siglo pasado con el cortometraje “Un perro andaluz”, una propuesta original y transgresora realizada junto a su compañero de estudios en la ínclita Residencia de Estudiantes, el pintor Salvador Dalí. El resto de su producción se caracterizaría por ser igual de audaz y escandalosa, sin cabida en la España franquista de posguerra, lo que le obligó a exiliarse en México donde se naturalizó y falleció cuatro décadas más tarde.

Cómic Buñuel en el laberinto de las tortugas

Obra “Buñuel en el laberinto de las tortugas” (Fermín Solís, 2008)

Aunque la mayor parte de la filmografía por la que es reconocido internacionalmente como uno de los mejores directores de la historia del cine, la llevó a cabo en México y Francia, países que la auspiciaron, antes de marcharse de este país dejó tres trabajos. El último, “Las Hurdes. Tierra sin pan”, que fue rodado en 1933, es un documental ambientado en dicha región extremeña, y es en el que se basa Solís, y por ende el film de animación, para contar sus respectivas historias.

Se dice que Buñuel lo filmó inspirado por el estudio antropológico del intelectual e hispanista francés Maurice Legendre, y lo utilizó para denunciar la situación de extrema pobreza y precariedad que por entonces asolaba la región y a sus gentes. Su proyección no estuvo exenta de polémica debido a lo descarnado e incluso cruel de muchas de sus imágenes, consideradas denigrantes para la visión del país que se quería mantener desde el gobierno, en ese momento la Segunda República. También se acusó al cineasta de manipular algunas de las secuencias grabadas para adulterar la realidad, algo que, si nos ceñimos a las palabras pronunciadas por Pablo Picasso, “el arte es una mentira que nos acerca a la verdad”, podría eximirlo de cualquier posible culpabilidad en este aspecto.

Luis Buñuel según Fermín Solís

Fermín Solís, certero, sagaz y concernido por esta realidad que le toca por cercanía, se coloca detrás de las cámaras y centra el punto de vista en los distintos motivos y vicisitudes que propiciaron su realización. 

Al principio del libro, Buñuel se encuentra radicado en París lidiando con una crisis personal derivada de la difícil aceptación que suscitan sus primeras películas, situación que pone en peligro su futura carrera cinematográfica, cuando recibe la visita de su amigo el artista Ramón Acín Aquilué. Antes de regresar a España, Acín promete al ofuscado director que si le toca la lotería, financiará ese proyecto que tanto ambiciona abordar, basado en los estudios de Legendre. Por increíble que parezca es lo que sucede, así que Acín cumple su palabra y junto a Buñuel se trasladan a la desoladora y desolada región extremeña de Las Hurdes para acometer el proyecto. A partir de ahí realidad y sueño se confunden como reminiscencia del surrealismo que impregnó todas las películas del cineasta.

El Buñuel de Solis es cínico, desdeñoso, temperamental y extravagante, pero también comprometido con su causa creativa, que incumbe a los más desfavorecidos en perjuicio de la burguesía, estamento al que pertenecía por herencia familiar.

A diferencia del rodaje en torno al cual se articula, la ficción de “Buñuel en el laberinto de las tortugas” resulta divertida y su crudeza enternecedora, suavizando así el tono de denuncia en favor de una mirada más lúdica y compasiva en su conjunto. Presumo que el film seguirá las mismas pautas que la historieta pero mostrará nuevas anécdotas y perspectivas para satisfacción y deleite de los lectores de la obra original.

Como decía al principio, Fermín Solís es un autor ducho en la narración de relatos que parten de experiencias personales. Prueba de ello son algunos de sus trabajos anteriores, “Los días más largos”, ”No te quiero pero” o “El año que vimos nevar”. En ellos combina con pericia el drama y el humor, dotando a sus historias de un envidiable naturalismo que imprime a sus respectivos personajes credibilidad y cercanía, constantes que continúan presentes en “Buñuel en el laberinto de las tortugas”. 

En el apartado gráfico, el dibujante sigue fiel a la impronta de Dupuy, Seth o Berberian, referentes habituales, aunque en este caso particular destaca la influencia del francés Christophe Blain, muy popular en los años en los que Solís se embarca en el proyecto. Sin negar las virtudes presentes en la versión animada, el dibujo goza aquí de una mayor plasticidad y de un carácter caricaturesco más acusado, que responde mejor al “feismo” que reclaman ambientes y personajes.

La reciente edición incluye puntuales retoques en el apartado narrativo y una novedad, el color, a cargo del propio autor, que proporciona luminosidad y atmósfera, y cuya aportación, no estrictamente necesaria, enriquece el resultado.

De la historieta al cine

Gracias a la magia de la animación este libro de historieta recibe nueva vida e inicia una andadura que, esperemos, acerque la obra original al gran público, para mayor alegría de este vapuleado medio que nunca termina de alcanzar plenamente la consideración que realmente se merece, pese a las ínfulas que se le presumen en los medios de comunicación.

Film Buñuel en el laberinto de las Tortugas

Fotograma del film “Buñuel en el laberinto de las tortugas”

En la actualidad, el uso de las tecnologías tridimensionales está sustituyendo a la tradicional animación en 2D en una gran cantidad de producciones animadas destinadas a las salas de cine, cosa que personalmente no entiendo, ya que esta forma estética goza de una tradición y un atractivo propios que la hacen única e insustituible. Por eso, es admirable que un modesto equipo de profesionales, con mucha dedicación, tiempo, esfuerzo y, no lo olvidemos, financiación, haya conseguido llevar a cabo un proyecto de esta envergadura y características.

Se me ocurren varios motivos para ver este film, ya que promete ser interesante no sólo por los premios recibidos, a veces indicio de unas preferencias mediáticas o comerciales, sino también por su atractiva estética, labor del sevillano José Luis Ágreda, uno de los ilustradores más interesantes del panorama actual y que se ha encargado de la traslación a la pantalla del grafismo de Solís, o por el propio relato en sí.

Yo recomiendo visionarlo porque se acerca a esa España profunda cuyo reverso tenebroso, remedando a una de las sagas cinematográficas más famosas de todos los tiempos, parece estar aflorando nuevamente en los programas y en las exaltadas declaraciones de algunos partidos políticos de viejo y de nuevo cuño.

Por Fidel Martínez

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