El arte de morir

La vida del estoico y nada melodramático Philippe Martin, gendarme de la policía francesa, se verá repentinamente alterada cuando reciba el anuncio del aparente suicidio de su hija, una estudiante de historia del arte a la que desconocía hasta ese momento, fruto de su relación con una misteriosa y esquiva mujer a la que no ve desde hace veinticinco años.

Este traumático suceso traerá consigo el regreso de su examante y la sospecha de que la muerte de la hija de ambos fue, en realidad, un asesinato llevado a cabo por una misteriosa banda criminal que tiene contactos con el mundo del arte. De fondo, la turística y cosmopolita ciudad de Barcelona, un lugar idóneo en el que desarrollar esta intrigante trama, de claros y oscuros fuertemente contrastados, que llevarán a transitar a nuestro protagonista de la acomodada y pudiente zona de Pedralbes al más discreto barrio de Poblenou, siguiendo una ruta en la que gozará de la inestimable compañía de un peculiar taxista, filósofo de vocación, cuyos consejos, producto de un conocimiento cultivado en las calles y no en las aulas universitarias, le resultarán oportunamente provechosos.

Viñeta de El arte de morir

Ilustración cómic “El arte de morir” (Berthet y Raule, 2019)

Esta es la potente y atractiva premisa que da cuerpo a “El arte de morir”, un álbum de historieta firmado en su parte literaria por Raule y cuyo grafismo corre a cargo de Philippe Berthet. Un thriller policiaco de evidente textura ‘noir’ en el que conviven las mentiras, la traición, la corrupción y la muerte. Como contrapeso, una relación de amor que como una herida sin cicatrizar, se proyecta inalterable desde el pasado hasta el presente, rivalizando con el espacio y el tiempo.

Un libro que concita en sí la inteligencia y el arte necesarios para ofrecernos un relato ameno a la par que duro y trepidante.

El arte de narrar

El arte de morir” forma parte de una serie de álbumes autoconclusivos que tienen como denominadores comunes el crimen y al dibujante francés Philippe Berthet, veterano de estilo clásico y línea clara, con una larga y prestigiosa carrera a sus espaldas, que se ha curtido en multitud de géneros, también en el policíaco (Le Privé de Hollywood, 1983), y que tiene como creación más reseñada su obra “Pin-up”, recreación de la vida de la sensual modelo norteamericana Betty Page, durante la década de los 40 y 50 del pasado siglo. En él queda evidenciado el homenaje más o menos velado a Milton Caniff, uno de los más grandes maestros que ha dado el medio.

En “El arte de morir”, Berthet echa mano de dicha veteranía para realizar una labor solvente y correcta, que a mi parecer no brilla en demasía, pero que sigue siendo un producto con su sello distintivo. Su mejor aportación, sin duda, su magnífica portada.

Portada de cómic "El arte de morir" Norma editorial

Portada del cómic “El arte de morir”, editado por Norma Editorial

En la parte escritural tenemos en esta ocasión a Raúl Anisa Arsís, más conocido como Raule, todo un acierto por varios motivos. Uno de ellos ser originario de la ciudad condal, lo que le permitía mover a su personaje por el terreno con toda naturalidad y soltura. El resto se debe a su lúcido uso de la experiencia acumulada.

Raule es un guionista que comenzó su trayectoria a mediados de la década de los noventa del recientemente superado siglo XX, y que se ha consagrado en el mercado francoblega a lo largo del presente siglo, con obras como “Isabelle” y “Arthus Trivium”, dibujadas respectivamente por Gabor y Juan Luis Landa, pero especialmente por su internacionalmente reconocido “Jazz Maynard”, creado junto al dibujante Roger Ibáñez, narración de aventuras y serie negra de un delincuente de corazón noble que siente debilidad por la música jazz, como el propio título indica.

Un logro verdaderamente meritorio para un guionista, si tenemos en cuenta que resulta sumamente complicado afianzarse en un país en el que la diferencia idiomática puede resultar una barrera difícilmente franqueable.

Pese a ello y a la responsabilidad que supone colaborar junto a uno de los autores más respetados del panorama historietístico francés, Raule no se arredra y toma las riendas, para tejer un relato ejemplar, que dosifica sabiamente la violencia, sin hacer exceso de ella, y que se apoya en la intriga para desarrollar la trama, tal vez siguiendo las pautas de otro de nuestros guionistas más insignes, Felipe Hernández Cava, experto en contar historias de una índole similar y por quien Arsís ha demostrado su pública admiración en alguna ocasión.

Raule y Berthet consiguen, pues, armar con destreza y buen hacer lo que es, en conjunto, una auténtica obra de arte, por la que no deberíamos morir pero, al menos, sí deleitarnos.

Por Fidel Martínez

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