La luz de la inocencia

Enriqueta Trujillo: una historia admirable

Ser mujer en esta sociedad no es cosa fácil. Aún menos en la España rural de principios del siglo pasado, tal y como atestiguan las memorias de Enriqueta Trujillo Gallardo en la emocionante y sensible biografía novelada, “La luz de la inocencia” (Bellaterra, 2019), obra de la escritora granadina Pura Sánchez.

Para quienes hemos nacido en democracia y, por tanto, sido criados en un contexto de relativo confort, la de Enriqueta es una de esas historias de lucha, coraje y superación, dignas de encomio y admiración.

La luz de la inocencia

“La luz de la inocencia” (Bellaterra, 2019)

Porque la infancia de Enriqueta estuvo marcada por el abandono paterno, la precariedad, la miseria – de esos años recordará el “hambre que da dolor de cabeza” – y el traslado a Cataluña, tierra prometida, para asentarse junto a su madre en Sallent, localidad a la que ambas llegaron sin nada que añorar. Y aunque allí su situación pareció mejorar, siempre debió compaginar su educación con el desempeño de alguna tarea remunerada.

El cariño paterno lo encontró de mano de Eduardo, viudo y emigrante andaluz como ellas, que contraerá matrimonio con María, su madre. De él decían que era un “hombre de ideas” o sea, de izquierdas, militante de la CNT y defensor de ideas libertarias y progresistas sólo posibles en el seno de la República que acababa de constituirse en el país. Fueron él y la educación racionalista recibida, los que inculcaron a la niña los valores de compañerismo y solidaridad que la marcarían para el resto de su vida.

Produce, pues, cierto malestar y encono, pensar que la sublevación militar y el estallido de la guerra civil que siguieron, pusieron fin a un periodo de gobierno que se caracterizaría por su talante aperturista, propulsor de avances tan justos y necesarios como la emancipación de la mujer en la sociedad española de la época.

El encierro y la vejación

La guerra civil fue, sin duda, el periodo más aciago de la vida de Enriqueta. No entraré en detalles para no desvelar partes sustanciales de la trama, pero mencionaré, a grandes rasgos, que en él la protagonista sufrió pérdidas dolorosas e irreparables, además de traslados y encierros en instituciones penitenciarias y religiosas.

Enriqueta contaba quince años cuando fue condenada por un delito de adhesión a la rebelión, a causa de su pertenencia a las Juventudes Libertarias y, por tanto, tratada con más benevolencia, pero el trágico destino que esperaba a la mayoría de las mujeres represaliadas por el régimen instituido tras la victoria de los sublevados, eran la condena a muerte, asignada aleatoriamente en juicios sumariales, la humillación de ser degradada públicamente o violada para su vergüenza, o el olvido mediante el cambio forzoso del nombre de pila. Pero a todas ellas, sin excepción, se les imponía el degradante yugo de someterse a una dictadura nacional católica de indudable sesgo patriarcal. Sufrían, pues, doblemente. Por su pertenencia al bando de los perdedores y por su misma condición de mujeres.

Memoria y feminismo

La luz de la inocencia” es el valioso resultado de la ardua, meticulosa y paciente labor de investigación de su autora, Pura Sánchez, profesora de lengua y literatura, y orgullosa militante feminista, que lleva años indagando en la memoria de muchas de las mujeres que han querido ser silenciadas por efecto de una historia discriminatoria, a veces debida a causas violentas como en el caso de la Guerra Civil Española, o al peso de nuestras propias tradiciones.

Pura Sánchez

Pura Sánchez, escritora.

Fruto de esta labor incansable y meritoria, que la han designado como una de las mayores expertas en este campo, son libros de referencia como “Individuas de dudosa moral” o “Mujeres en obras”, por citar sólo algunos de ellos.

En lo que a la “La luz de la inocencia” se refiere, brilla particularmente por su escritura sencilla, dulce y agradable que convierten su lectura en un ejercicio de magnética inmersión, por el relato de dignidad y verdad que se cuenta en cada una de sus páginas y por su valor testimonial de carácter, a un mismo tiempo, único y universal, pues como la propia Pura Sánchez escribe en su prólogo, esta “historia no ocurre fuera de cada uno de nosotros, sino que traspasa nuestra biografía”.

Una vida paradigmática y ejemplar

Ya lo decíamos al principio, la de Enriqueta Trujillo, a sus más de noventa años, ha sido una vida admirable en muchos sentidos. Paradigmática porque está plagada de esas heroicidades discretas que caracterizan a los seres humanos de carne y hueso. Ejemplar porque sufrió pero supo sobreponerse a las adversidades, y porque, pese a todo ello, supo mantener siempre viva la luz de su inocencia. Una luz que proyecta su inequívoca verdad sobre los rincones más oscuros de una historia compartida.

Por Fidel Martínez

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